El joven yaguareté Ombú, que se desplaza en las inmediaciones de los senderos turísticos del Parque Provincial Iberá, es monitoreado de manera permanente mediante un collar con tecnología GPS. Las autoridades provinciales aseguraron que el animal no representa un riesgo para los visitantes y confirmaron que el área protegida permanece abierta al público durante el receso invernal.
Ombú nació en cautiverio y fue liberado como parte del programa de restauración del yaguareté en el Iberá, un área protegida de unas 700.000 hectáreas administrada por la provincia de Corrientes. Debido a que está habituado a la presencia humana, en distintas ocasiones fue visto cerca de los senderos utilizados por los turistas.
La directora de Parques y Reservas de Corrientes, Alejandra Eliciri, explicó que el ejemplar lleva un radiocollar satelital que permite conocer su ubicación en todo momento. Gracias a ese sistema de monitoreo, los guardaparques pueden seguir sus desplazamientos y, en caso de que se acerque a sectores con visitantes, modificar los recorridos de los contingentes para evitar encuentros cercanos.
Por este motivo, el Parque Provincial Iberá mantiene habilitadas las visitas turísticas. La estrategia difiere de la aplicada en otras áreas protegidas, donde se implementaron restricciones de acceso y sectores específicos para el avistaje de fauna.
El sistema de monitoreo mediante collares satelitales no alcanza a todos los yaguaretés que habitan los Esteros del Iberá, donde ya viven más de medio centenar de ejemplares. Sin embargo, esta tecnología también se utiliza para seguir los movimientos de Kuarahy y Jasy, dos aguará guazú reinsertados recientemente en el ecosistema.
Los dos ejemplares, hermanos entre sí, fueron rehabilitados durante nueve meses por la Fundación Temaikén luego de haber sido rescatados cuando tenían apenas 45 días de vida. Inicialmente fueron encontrados sin su madre en los Esteros del Iberá por la Fundación Rewilding Argentina y trasladados al Centro de Conservación Aguará, en Corrientes, donde recibieron atención especializada durante un mes.
Tras su recuperación fueron derivados a la Fundación Temaikén para completar el proceso de rehabilitación. Posteriormente, ambos fueron reinsertados en el Parque Nacional Ansenuza, en la provincia de Córdoba, donde hoy son monitoreados mediante collares satelitales con tecnología GPS para evaluar sus desplazamientos, adaptación y supervivencia.
«Lograr la crianza de dos aguará guazú huérfanos fue un gran desafío para la Fundación ya que eran muy pequeños cuando llegaron al CRET. Pero también es una gran satisfacción poder plasmar nuestra experiencia con esta especie y ver que podemos seguir aportando a su supervivencia», expresó Guillermo Delfino, coordinador del Programa de Especies Amenazadas.
El aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), cuyo nombre en guaraní significa «zorro grande», es el cánido más grande de Sudamérica. También conocido como lobo de crin o potrillo, es una especie omnívora que, para algunos pueblos originarios como los tobas y mocovíes, posee un importante valor cultural y espiritual.
En Argentina habita en las provincias de Corrientes, Formosa, Chaco, norte de Santa Fe, Córdoba, este de Santiago del Estero y sur de Misiones. A nivel nacional está catalogado como una especie amenazada e integra distintos programas de conservación de la fauna silvestre.
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