viernes, noviembre 6, 2026
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El agujero de ozono en la Antártida alcanzó su mayor extensión en una década, según la NASA

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La NASA y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) informaron que el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida alcanzó en 2026 una extensión mayor que la registrada en los últimos años. Aunque la recuperación de largo plazo continúa, las condiciones atmosféricas particulares de esta temporada prolongaron el agotamiento del ozono y favorecieron una superficie afectada de 25 millones de kilómetros cuadrados en promedio.

De acuerdo con los registros difundidos por ambas agencias, el fenómeno alcanzó su máxima extensión diaria el 18 de septiembre, cuando cubrió 27,1 millones de kilómetros cuadrados. Este valor lo ubicó entre los mayores registrados desde que comenzaron las observaciones hace 48 años.

Sin embargo, los científicos señalaron que el aumento de la superficie no estuvo acompañado por un agotamiento tan profundo como el de otros episodios históricos. Además, destacaron que la tendencia general de recuperación de la capa protectora se mantiene gracias a la reducción de las sustancias químicas que la destruyen.

Un vórtice polar prolongó el agotamiento del ozono

Entre el 7 de septiembre y el 13 de octubre, período de mayor agotamiento, la superficie promedio del agujero fue de 25 millones de kilómetros cuadrados. Esa extensión lo ubicó en el séptimo lugar entre los mayores registrados en casi cinco décadas de monitoreo.

Uno de los factores que explicó este comportamiento fue la presencia de un vórtice polar inusualmente potente, que mantuvo durante más tiempo las condiciones favorables para la destrucción del ozono en la estratosfera antártica.

Paul Newman, científico sénior de la Universidad de Maryland y referente del equipo de investigación del ozono de la NASA, explicó que en los últimos años el agujero comenzó a formarse más tarde en la temporada, una señal vinculada con la recuperación de la capa. No obstante, durante 2026 la intensidad del vórtice polar prolongó el proceso y permitió que alcanzara dimensiones que no se observaban desde hacía una década.

Por su parte, Amy Butler, investigadora científica del Laboratorio de Ciencias Químicas de la NOAA, atribuyó la extensión a una menor actividad de los sistemas meteorológicos que normalmente contribuyen a debilitar y dispersar el vórtice polar. Esta situación mantuvo los vientos más intensos alejados del Polo Sur y generó una zona más amplia con condiciones propicias para el agotamiento del ozono.

La concentración de ozono fue mayor que en otros episodios históricos

A pesar de la extensión alcanzada, las mediciones indicaron que la pérdida de ozono no fue tan profunda como en otros años. Los instrumentos transportados por globos del Observatorio Atmosférico de Referencia del Polo Sur registraron una concentración mínima anual de 105 unidades Dobson el 17 de octubre.

Esta unidad se utiliza para medir la concentración de ozono en la atmósfera. Como referencia, el valor mínimo documentado sobre el Polo Sur fue de 92 unidades Dobson, registrado en octubre de 2006.

El ozono estratosférico cumple una función fundamental para la vida en la Tierra, ya que absorbe parte de la radiación ultravioleta que llega desde el Sol. Su presencia en las capas superiores de la atmósfera debe distinguirse del ozono cercano a la superficie terrestre, que se considera un contaminante atmosférico.

Para realizar el seguimiento de 2026, la NASA y la NOAA utilizaron información de distintos satélites, entre ellos Aura, NOAA-20, NOAA-21 y Suomi National Polar-orbiting Partnership, además de observaciones terrestres y mediciones mediante globos sonda.

El Protocolo de Montreal sostiene la recuperación

Los científicos atribuyeron la recuperación de largo plazo de la capa de ozono a las restricciones internacionales sobre las sustancias que provocan su deterioro, establecidas mediante el Protocolo de Montreal de 1987.

El acuerdo comprometió a los países a reducir y sustituir compuestos como los clorofluorocarbonos (CFC), utilizados durante décadas en refrigeradores, equipos de aire acondicionado y materiales de aislamiento para edificios.

Stephen Montzka, científico sénior del Laboratorio de Monitoreo Global de la NOAA, indicó que los niveles de cloro en la estratosfera antártica procedentes de esas sustancias disminuyeron aproximadamente un tercio respecto de los valores registrados en la década de 1980.

Sin embargo, algunos de estos compuestos permanecen durante décadas en la atmósfera y también pueden liberarse desde equipos antiguos y vertederos. Por ese motivo, su eliminación continúa siendo un proceso prolongado.

Las proyecciones científicas estiman que, a medida que disminuyan las concentraciones de estas sustancias, la capa de ozono podría completar su recuperación durante la década de 2070. Mientras tanto, los monitoreos de la NASA y la NOAA permiten seguir la evolución del fenómeno y distinguir las variaciones meteorológicas de las tendencias de largo plazo.

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