La actividad espacial generó un volumen creciente de residuos que permanece alrededor de la Tierra. Según datos de la Agencia Espacial Europea (ESA), actualmente hay unas 17.000 toneladas de basura espacial en órbita, entre satélites fuera de servicio, fragmentos de cohetes y piezas producidas por colisiones o explosiones ocurridas durante décadas.
El problema ambiental no se limita a evitar la generación de nuevos residuos. La cantidad de objetos acumulados llevó a las agencias espaciales a desarrollar estrategias para reducir los desechos y, en determinados casos, retirarlos de la órbita terrestre.
Miles de objetos y millones de fragmentos
El último relevamiento de la ESA contabilizó 46.870 objetos artificiales detectables en órbita, aunque las estimaciones indican que la cantidad total de residuos es considerablemente mayor.
Los modelos de la agencia europea calculan la existencia de unos 68.450 objetos mayores a 10 centímetros, alrededor de 1,5 millones de fragmentos de entre 1 y 10 centímetros y unos 230 millones de partículas menores a un centímetro.
Aunque una parte importante de estos residuos tiene dimensiones reducidas, su velocidad de desplazamiento representa un riesgo para los satélites y otros equipos que permanecen activos en el espacio.
El riesgo de las colisiones en órbita
Los fragmentos espaciales pueden desplazarse a velocidades cercanas a los 10 kilómetros por segundo. En esas condiciones, incluso un objeto de apenas un centímetro puede provocar daños severos en un satélite o afectar instrumentos científicos y sistemas de comunicación.
Además, las colisiones pueden generar nuevos fragmentos y aumentar la cantidad de residuos en circulación. Este fenómeno, conocido como efecto cascada, incrementa el riesgo de nuevos impactos y dificulta las operaciones de satélites destinados a las telecomunicaciones, la navegación, la observación terrestre y la investigación científica.
Más lanzamientos y mayor cantidad de residuos
El crecimiento de la actividad comercial en órbita también contribuyó al aumento de objetos alrededor de la Tierra. Durante los últimos años se multiplicaron los lanzamientos de grandes constelaciones de satélites destinadas a servicios de internet, comunicaciones y monitoreo.
Según la ESA, durante 2025 se realizaron más de 300 lanzamientos espaciales que colocaron en órbita más de 4.000 nuevas cargas útiles. Al mismo tiempo, continúa en circulación una gran cantidad de residuos acumulados durante décadas.
Uno de los sectores que concentra una parte importante de estos restos se encuentra entre los 600 y los 1.100 kilómetros de altitud, donde permanecen objetos provenientes de antiguos programas espaciales.
Europa busca reducir la generación de basura espacial
Frente a este escenario, la ESA impulsa medidas destinadas a disminuir el impacto ambiental de las actividades espaciales. Entre ellas se encuentra la iniciativa Zero Debris, que establece que las futuras misiones de la agencia deberán ajustarse a este criterio a partir de 2030.
A estas acciones se suman iniciativas de instituciones de la Unión Europea orientadas a mejorar el seguimiento de objetos espaciales, fortalecer el intercambio de información y reducir los riesgos de colisión.
El desafío de retirar los residuos existentes
Las medidas de prevención no resuelven por sí solas el problema de los residuos que ya se encuentran en órbita. Por este motivo, la ESA también trabaja en tecnologías destinadas a retirar objetos fuera de servicio.
Entre los proyectos se encuentra ClearSpace-1, una misión que busca capturar un objeto espacial y dirigirlo hacia una trayectoria de reingreso controlado a la atmósfera.
La agencia también estudia conceptos destinados a desarrollar estaciones de servicio espaciales, que podrían permitir reparar, reubicar, reacondicionar o reciclar satélites directamente en órbita.
Mientras la actividad espacial continúa creciendo, la gestión de los residuos acumulados se convirtió en uno de los principales desafíos para mantener las operaciones alrededor de la Tierra y reducir los riesgos asociados a la contaminación orbital.
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