En un momento crucial para el debate legislativo, cuatro de las organizaciones ambientales más importantes del país han encendido una luz de alerta. Aves Argentinas, Fundación Vida Silvestre, WCS Argentina y Fundación Humedales presentaron un contundente informe técnico que advierte sobre los devastadores impactos que tendría debilitar la Ley Nacional 26.639 de Protección de Glaciares. Lejos de ser un asunto exclusivo de la alta montaña, la salud de estos gigantes de hielo es una cuestión estratégica que define el futuro hídrico y biológico de gran parte de Argentina.
Las arterias de agua que sostienen a un país
En se sentido, los glaciares y el ambiente periglaciar no son solo postales imponentes de la Cordillera de los Andes; sino “tanques de agua” naturales que funcionan como reservorios estratégicos. Almacenan agua en forma de hielo y la liberan gradualmente, asegurando el caudal de los ríos especialmente en los meses secos. Según el informe, su influencia es masiva: el 36% de la superficie continental argentina se encuentra dentro de cuencas alimentadas por el deshielo, un territorio que abarca 20 provincias y es hogar de más de 7,5 millones de personas.
El Inventario Nacional de Glaciares identificó 16.968 de estos cuerpos de hielo, que cubren 8.484 km². “Los glaciares cubren menos del 0,25% de la superficie continental de Argentina, pero el agua que proveen alimenta ecosistemas y comunidades a cientos de kilómetros, siendo claves para la conservación de la biodiversidad argentina”, comentó Mariano González Roglich, director de WCS Argentina. Esta dependencia, subraya, “se está volviendo más crítica aún en un contexto de mayores temperaturas y menores precipitaciones que ya están afectando a gran parte del país”.
Un refugio crítico para la biodiversidad amenazada
El impacto sobre la fauna es uno de los puntos más alarmantes del documento. Los datos son elocuentes: el 56% de las especies evaluadas en Argentina habitan en regiones que dependen del agua de los glaciares. La cifra es aún más dramática para ciertos grupos, alcanzando el 86% de los mamíferos, el 78% de los reptiles y el 69% de los anfibios. Estas áreas, además, concentran la mayoría de las especies amenazadas a nivel global, incluyendo el 83% de los anfibios y el 70% de los mamíferos en peligro.
“Desde el punto de vista ecológico, los glaciares y el ambiente periglaciar sostienen una biodiversidad altamente especializada y sensible, incluyendo numerosos ecosistemas de humedales como lagunas, ríos de montaña, vegas altoandinas y turberas”, explicó Daniel Blanco, director de Fundación Humedales. Especies emblemáticas como el huemul, la chinchilla de cola corta (En Peligro Crítico), el macá tobiano y el chorlito de vincha dependen directamente de la salud de estos ecosistemas hídricos. Incluso el 35% de las áreas protegidas del país se encuentran dentro de estas cuencas, evidenciando su rol insustituible.

El dilema: desarrollo y responsabilidad ambiental
Así, el debate sobre la modificación de la ley a menudo se enmarca en la necesidad de impulsar actividades económicas como la minería, clave para la transición energética. Sin embargo, las organizaciones firmantes del informe plantean que ambos objetivos no son excluyentes. “Los minerales son centrales para la transición energética, pero la responsabilidad ambiental no es negociable. La minería puede y debe desarrollarse sin afectar glaciares, ambiente periglaciar ni reservas estratégicas de agua”, afirmó Manuel Jaramillo, director general de Fundación Vida Silvestre Argentina.
Jaramillo enfatizó que Argentina ya cuenta con la información técnica del Inventario Nacional de Glaciares para delimitar estas zonas críticas, que ocupan una superficie acotada. “El camino no es flexibilizar la ley, sino fortalecer su cumplimiento y el monitoreo para resguardar la biodiversidad y la resiliencia climática del país”, concluyó. El informe se presenta así no como un freno al desarrollo, sino como una hoja de ruta para un crecimiento sostenible que no sacrifique sus activos naturales más valiosos.
En un escenario global atravesado por la crisis climática y la pérdida acelerada de biodiversidad, resguardar las fábricas naturales de agua no solo es una decisión ambiental estratégica, sino una de las inversiones más inteligentes y urgentes que un país puede asumir para garantizar su desarrollo, seguridad hídrica y bienestar a largo plazo.
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