En las gélidas y oscuras profundidades del mar argentino, una aparición casi mítica sorprendió a un equipo de científicos del CONICET: una medusa fantasma gigante (Stygiomedusa gigantea), con un tamaño estimado de 11 metros, equivalente al de un autobús escolar. El extraordinario encuentro, capturado en video a 253 metros de profundidad, se convierte en uno de los pocos registros de esta especie enigmática y subraya la inmensa riqueza biológica que se esconde bajo nuestras aguas.
Un gigante de las profundidades
La Stygiomedusa gigantea es una criatura que parece sacada de la ciencia ficción. Su campana puede medir hasta un metro de diámetro, pero su rasgo más impresionante son sus cuatro brazos bucales, que se extienden como sábanas de hasta 10 metros de largo. A diferencia de la mayoría de las medusas, carece de tentáculos urticantes. En su lugar, utiliza estos enormes brazos para envolver y capturar a sus presas, principalmente plancton y peces pequeños, en un abrazo silencioso y letal.
Este hallazgo es especialmente significativo por la rareza de la especie. Desde su primera descripción científica en 1910, la medusa fantasma ha sido documentada oficialmente menos de 130 veces en todo el mundo. Cada avistamiento es una pieza crucial en el rompecabezas para entender su ecología y distribución, y este registro posiciona al Mar Argentino como un santuario vital para la vida de las profundidades.

Tecnología de punta para explorar lo desconocido
El descubrimiento fue posible gracias a la expedición «Vida en los extremos», una colaboración entre el CONICET y la Universidad de Buenos Aires a bordo del buque de investigación R/V Falkor (too). La clave del éxito fue el uso del vehículo operado remotamente (ROV) SuBastian, un robot submarino capaz de descender hasta 4.500 metros y transmitir imágenes en alta definición.
Esta tecnología representa un salto cualitativo en la exploración oceánica. A diferencia de las antiguas redes de arrastre, que a menudo dañaban los frágiles organismos de las profundidades, el ROV permite a los científicos observar y documentar la vida marina en su hábitat natural, sin alterarlo. «Nos vimos sorprendidos ante la diversidad detectada en las profundidades», afirmó María Emilia Bravo, jefa científica de la expedición, destacando el valor de estas herramientas para revelar un universo hasta ahora invisible.
La misión no solo encontró a la medusa gigante. El equipo también realizó el primer registro de una «caída de ballena» en aguas nacionales a 3.890 metros —un evento que crea un oasis de vida en el lecho marino— y exploró el mayor arrecife conocido de coral de aguas frías Bathelia candida, revelando una comunidad biológica completamente nueva para la ciencia.
Un océano de misterios por descubrir
El avistamiento de la Stygiomedusa gigantea es más que una anécdota fascinante; es un poderoso recordatorio de lo poco que conocemos sobre el océano profundo. Cada inmersión del ROV SuBastian en el talud continental argentino devela nuevas especies y ecosistemas complejos, demostrando que la mayor parte de la biodiversidad de nuestro planeta aún espera ser descubierta. Proteger estos entornos frágiles y misteriosos es fundamental, incluso antes de que podamos comprenderlos por completo. Este gigante silencioso nos invita a mirar hacia las profundidades con más curiosidad, respeto y un renovado compromiso con la conservación.
Tal vez te interese leer: https://valorambiental.com.ar/amsterdam-prohibe-la-publicidad-de-carne/





