sábado, abril 18, 2026
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La deforestación en la Amazonía brasileña crece 7,3% en febrero y afecta la superficie boscosa

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La Amazonía brasileña enfrenta una batalla constante, y los datos de febrero de 2026 ofrecen una imagen compleja que invita tanto a la cautela como a un optimismo medido. Según el sistema de monitoreo del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE), el mes pasado se perdieron 95,4 kilómetros cuadrados de selva, lo que representa un aumento del 7,3% en comparación con el mismo período de 2025.

Sin embargo, esta cifra es el registro de deforestación más bajo para un mes de febrero desde que comenzaron las mediciones en 2015.

Una cifra con doble lectura

El informe del gobierno brasileño desglosa una dinámica de altibajos. Mientras que la comparación interanual muestra un leve repunte en la destrucción, el dato contrasta con una disminución del 15,6% respecto a enero de este año. Este vaivén en las cifras mensuales subraya la volatilidad de la lucha contra la deforestación, pero lo más significativo es la tendencia general a la baja que se ha consolidado en los últimos años.

Los científicos advierten constantemente que cada hectárea de selva perdida es un golpe directo a la capacidad del planeta para regular el clima. La Amazonía, como uno de los mayores sumideros de carbono del mundo, juega un papel insustituible en la absorción de CO₂, y su degradación acelera directamente el calentamiento global. Por ello, aunque la cifra de febrero sea históricamente baja, no deja de ser una pérdida irreparable.

El impacto de las políticas ambientales y la mirada a futuro

Este panorama se entiende mejor al observar el contexto político. Desde el regreso de Luiz Inácio Lula da Silva al poder, se ha implementado un fortalecimiento de los controles ambientales, en marcado contraste con la administración anterior de Jair Bolsonaro, que promovió activamente la explotación de recursos en la región. Las medidas para combatir la minería ilegal, el tráfico de madera y la expansión agropecuaria en áreas protegidas están dando resultados visibles.

De hecho, el período acumulado entre agosto de 2025 y enero de 2026 muestra una reducción de la deforestación del 35,4% en comparación con el ciclo anterior, alcanzando su nivel más bajo desde que existen registros. El gobierno de Lula ha reafirmado su compromiso de terminar con la deforestación ilegal en la Amazonía para 2030, una meta ambiciosa que requiere una vigilancia constante y un esfuerzo sostenido.

El dato de febrero sirve para recordar que los avances en la protección ambiental son frágiles y cualquier relajación en los controles puede revertir rápidamente los logros obtenidos. La salud del mayor bosque tropical del planeta depende de una voluntad política inquebrantable y de la capacidad de transformar los compromisos en acciones efectivas sobre el terreno.

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