A partir de este mes, los electrodomésticos en Argentina presentan una nueva cara en su compromiso con el planeta. La Resolución 438/2024 marca el inicio de un renovado Sistema de Etiquetado de Eficiencia Energética, una herramienta clave que se actualiza para guiar a los consumidores hacia decisiones más conscientes y sostenibles. Este cambio no altera el consumo real de los aparatos, pero sí redefine por completo la forma en que entendemos y comparamos su impacto ambiental, ordenando la información para un futuro más eficiente.
De la confusión de los «Plus» a una escala más clara
El cambio más significativo y visible es el fin de las categorías «Plus». Las confusas etiquetas A+, A++ y A+++, que con el tiempo perdieron su capacidad de diferenciar claramente a los productos más eficientes, dan paso a una escala simplificada que va de la A a la G. En este nuevo esquema, la letra ‘A’ vuelve a representar el máximo nivel de eficiencia posible, pero bajo estándares mucho más rigurosos y actualizados a la tecnología actual.
Esta recalibración permite una comparación más justa y transparente. Ahora, la diferencia entre cada letra es más palpable. Por ejemplo, en el caso de los lavarropas, un equipo con categoría B puede consumir aproximadamente un 20% más de energía que uno de categoría A. La brecha se amplía aún más con un equipo C, que puede llegar a consumir hasta un 39% adicional. Esta claridad es fundamental para que el consumidor pueda proyectar no solo el costo inicial del producto, sino también su impacto a largo plazo en la factura de luz y en la huella de carbono del hogar.
Más que consumo: una mirada integral a la sostenibilidad
La actualización va más allá de medir cuánta energía consume un aparato en funcionamiento. El nuevo sistema adopta una visión holística del ciclo de vida del producto, incorporando criterios que son pilares de la economía circular. La evaluación ahora considera aspectos como la reparabilidad, la reciclabilidad, la facilidad de mantenimiento y las opciones de disposición final. Estos factores son cruciales para reducir la generación de residuos electrónicos y alargar la vida útil de los electrodomésticos.
Para garantizar la veracidad de esta información, el sistema se basa en rigurosos ensayos de laboratorio, cuyos resultados son respaldados por declaraciones juradas de fabricantes e importadores. Esto asegura que los datos sean verificables y comparables entre diferentes marcas y modelos, fortaleciendo la confianza del consumidor en la etiqueta como una guía ambiental fiable. Productos de uso masivo como aires acondicionados, heladeras, freezers, lavarropas, televisores y lámparas están obligados a exhibir esta nueva identificación.

Información potenciada al alcance de un QR
El diseño de la etiqueta también se ha modernizado para facilitar el acceso a la información. Además de la escala de colores tradicional, ahora incluye una banda central destacada que informa el consumo específico del aparato, ya sea por año, por hora o por ciclo de uso. Sin embargo, la gran novedad es la incorporación de un código QR. Al escanearlo con un teléfono móvil, el usuario puede acceder instantáneamente a la ficha técnica completa del producto en una base de datos oficial.
Esta funcionalidad transforma la experiencia de compra. En la tienda, el consumidor puede comparar en tiempo real las especificaciones detalladas de varios modelos, trascendiendo el precio y la publicidad. Es una herramienta poderosa que nivela el campo de juego y pone el poder de la información directamente en manos de quien toma la decisión final.
En definitiva, el nuevo etiquetado es una política silenciosa pero estratégica. Al elevar los estándares y clarificar la información, no solo impulsa al mercado hacia tecnologías más eficientes y sostenibles, sino que también nos invita a todos a ser parte activa de la transición energética. Cada elección informada en la góndola es un pequeño gesto que, multiplicado, contribuye a un consumo más responsable y a un futuro con menor impacto ambiental.
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