En las plantaciones forestales de Misiones, se registra una interacción entre la actividad maderera y el mono caí que ha generado impactos productivos durante años. La presencia de pinos descortezados fue atribuida tradicionalmente a necesidades alimentarias de la especie. Sin embargo, una reciente investigación del CONICET determinó que este comportamiento no responde al hambre, sino a un patrón vinculado a la eficiencia en el uso de energía. Este hallazgo permite avanzar en el diseño de estrategias que reduzcan las pérdidas en la producción forestal sin afectar a la fauna.
Un conflicto que va más allá de la corteza
El descortezado de árboles por parte de mamíferos es un desafío global para la industria forestal. En Misiones, los monos caí (Sapajus nigritus) han sido protagonistas de este fenómeno. Al remover la capa externa del tronco para consumir los tejidos internos, ricos en azúcares, interrumpen el flujo de nutrientes del árbol. Esto no solo lo debilita y lo expone a plagas, sino que a menudo le causa la muerte, generando pérdidas económicas significativas para las empresas del sector. Inevitablemente, esta situación crea una tensión que puede derivar en represalias contra la fauna, poniendo en riesgo la conservación de especies nativas.
«Este proyecto es un caso de estudio de algo que pasa en todo el mundo», explica Valentín Zárate, becario doctoral del CONICET en el Instituto de Biología Subtropical (IBS) y autor principal del trabajo publicado en Forest Ecology and Management. “Los monos remueven la corteza externa de los árboles plantados y consumen los tejidos internos de conducción, que suelen ser bastante azucarados. En definitiva, esto termina matando muchísimos árboles de pino”, detalla el científico.
No es hambre, es una oportunidad estacional
La creencia popular sostenía que los monos recurrían a la corteza de los pinos como un alimento de emergencia durante el invierno, cuando los frutos del monte nativo escasean. Sin embargo, el equipo del CONICET, tras un exhaustivo trabajo de campo, ha demostrado que esta hipótesis es incorrecta. La clave no está en la escasez, sino en la oportunidad.
Durante dos años, los investigadores monitorearon casi 1.800 pinos, midiendo el grosor de la corteza, su contenido de azúcares y, crucialmente, la fuerza necesaria para desprenderla. Los resultados fueron contundentes, ya que el daño se concentra de forma muy marcada entre los meses de julio y octubre, y afecta principalmente a pinos de edad media, de entre cinco y nueve años.
“Hay una época hacia el fin del invierno y el principio de primavera en la que el árbol crece muy rápido. Lo que proponemos es que, justo en ese momento, los fluidos de crecimiento son más abundantes y, en consecuencia, la corteza es más fácil de remover. Es básicamente un recurso rentable energéticamente”, aclara Zárate. En otras palabras, los monos no comen la corteza por desesperación, sino porque en esa ventana de tiempo, el árbol les ofrece un alimento de alto valor calórico con un mínimo esfuerzo.
De la ciencia a la solución: la «alimentación distractiva»
Comprender el porqué del comportamiento es el primer paso para encontrar una solución efectiva y sostenible. Métodos tradicionales, como la suplementación de alimentos cerca de las plantaciones, no solo no funcionaban, sino que a menudo empeoraban el problema al atraer más monos a la zona de conflicto. Con este nuevo conocimiento, el equipo científico propone una estrategia mucho más precisa: la “alimentación distractiva”.
Sabiendo exactamente en qué meses y a qué edad de los pinos ocurre el mayor daño, se pueden colocar fuentes de alimento alternativas, como bananas, en puntos estratégicos. El objetivo no es simplemente alimentar a los monos, sino desviarlos de sus rutas habituales y mantenerlos alejados de los lotes de pinos más vulnerables durante el período crítico. Es una intervención quirúrgica, basada en datos, que respeta la ecología del animal y las necesidades de la producción.
Una alianza para el futuro de la Selva Paranaense
Este estudio es un ejemplo brillante de cómo la ciencia y la industria pueden colaborar para un futuro más sostenible. El trabajo de campo fue posible gracias a la articulación con empresas forestales como Arauco Argentina y Pindó, que facilitaron el acceso a sus predios y apoyaron la logística. Esta sinergia es vital, ya que las soluciones basadas en evidencia científica no solo resuelven un problema local, sino que también ayudan a las compañías a obtener certificaciones internacionales de sostenibilidad, cada vez más demandadas por los mercados globales.
Al final, la investigación del CONICET ofrece una hoja de ruta donde todos ganan. La industria maderera obtiene una herramienta para reducir pérdidas económicas de forma no letal, y se asegura la supervivencia de una especie clave del Bosque Atlántico, como el mono caí, promoviendo una convivencia armónica en el paisaje productivo de Misiones.
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