lunes, octubre 12, 2026
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Científicos internacionales descubren que casi 40.000 icebergs varados en la Antártida contribuyen a estabilizar el hielo costero

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Un estudio científico identificó 39.619 icebergs varados en las aguas poco profundas que rodean la Antártida. A partir de imágenes satelitales obtenidas en marzo de 2025, los investigadores elaboraron un inventario a escala continental que permite analizar la distribución de estas formaciones y su función en la estabilidad del hielo marino costero.

La investigación fue liderada por Kaihong Jiao, del Instituto de Estudios Marinos y Antárticos de la Universidad de Tasmania, junto con especialistas de otras instituciones científicas. Los resultados se publicaron en agosto de 2026 en la revista Earth System Science Data.

Los icebergs incluidos en el relevamiento permanecen inmóviles porque su parte sumergida entra en contacto con el fondo marino. De esta manera, pueden actuar como puntos de anclaje e influir en la estabilidad del hielo marino fijo, conocido como fast ice.

Un relevamiento con imágenes satelitales e inteligencia artificial

Para elaborar el inventario, el equipo utilizó 274 imágenes de radar captadas por los satélites Sentinel-1 y un sistema de inteligencia artificial capaz de identificar icebergs y diferenciarlos de otras superficies.

Posteriormente, los investigadores compararon imágenes separadas por 12 días para detectar las formaciones que permanecían en la misma ubicación. Este procedimiento permitió reconocer los bloques varados y elaborar un mapa de su distribución alrededor del continente antártico.

El relevamiento contabilizó una superficie total de aproximadamente 13.430 kilómetros cuadrados. Sin embargo, la distribución de los icebergs no es uniforme, ya que el 80% se concentra en apenas el 14,2% del litoral antártico, principalmente en zonas de poca profundidad cercanas a las plataformas de hielo.

Cómo contribuyen a la estabilidad del hielo marino

Uno de los principales resultados del estudio es la importancia de los icebergs de menor tamaño. Las formaciones de menos de un kilómetro cuadrado representan el 92,6% del total identificado y abarcan el 53,9% de la superficie relevada.

Aunque cada bloque ocupa una extensión relativamente pequeña, su abundancia permite conformar una red de puntos de anclaje que dificulta el desplazamiento y la fragmentación del hielo marino fijo. Este mecanismo, denominado efecto empalizada, contribuye a mantener la estabilidad de determinadas zonas costeras.

Por lo tanto, la distribución de los icebergs varados cumple una función estructural en la dinámica del hielo antártico. La pérdida de estos puntos de apoyo podría facilitar la ruptura y el desplazamiento del hielo, aunque el estudio no midió directamente la magnitud de ese efecto.

Las posibles consecuencias del calentamiento del océano

El hielo marino es un componente importante de los ecosistemas polares, ya que proporciona hábitat y condiciones necesarias para la alimentación y reproducción de distintas especies. Además, su estabilidad influye en los procesos ecológicos que conectan el océano, las costas y los organismos adaptados al ambiente antártico.

En este contexto, los investigadores advierten que el calentamiento del océano podría acelerar la fragmentación y el deshielo de los icebergs más pequeños. Si estas formaciones pierden su capacidad de anclaje, la red de apoyos podría debilitarse y modificar las condiciones del hielo costero.

No obstante, los resultados no permiten establecer por sí solos la velocidad ni la magnitud de esos cambios a largo plazo.

Un mapa de referencia para futuras investigaciones

El inventario se elaboró durante un período en el que la extensión del hielo marino fijo antártico cayó por debajo de los 100.000 kilómetros cuadrados en 2025. Sin embargo, los datos corresponden a una observación puntual y no permiten determinar cómo evolucionan las formaciones a través del tiempo.

Los científicos también señalaron limitaciones para detectar los bloques más pequeños y distinguirlos en sectores con grandes concentraciones de hielo. Por este motivo, algunas estimaciones regionales podrían presentar errores y necesitar nuevas observaciones para mejorar su precisión.

A pesar de estas limitaciones, el mapa constituye una referencia para monitorear cambios futuros y perfeccionar los modelos sobre la estabilidad del hielo costero. El seguimiento de las interacciones entre los icebergs, el fondo marino y el hielo fijo permitirá profundizar el conocimiento sobre la respuesta de los ecosistemas antárticos al calentamiento global.

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