Un nuevo estudio revela que el deshielo estival se prolonga, la nieve protectora disminuye y el océano absorbe más calor, creando un ciclo peligroso que amenaza desde las algas hasta los osos polares.
La extensión del hielo marino en la Antártida volvió a ubicarse muy por debajo de los niveles históricos y consolidó un escenario de retroceso sin precedentes en el extremo sur del planeta. La superficie congelada quedó cerca de 900.000 kilómetros cuadrados por debajo del promedio registrado entre 1981 y 2010, una señal que refleja cambios acelerados en la dinámica del océano Austral y que se suma a los mínimos extraordinarios observados en los últimos años.