Una hembra de ocelote (Leopardus pardalis) regresó a su hábitat natural en el Parque Nacional Iguazú luego de completar un proceso de rehabilitación de cinco meses. El ejemplar había sido atropellado en febrero sobre la Ruta Nacional 12, dentro del área protegida, y sufrió heridas de gravedad que comprometieron su supervivencia.
La intervención comenzó tras el aviso de testigos, lo que permitió una rápida actuación de los guardaparques y del equipo veterinario del Centro de Rescate y Conservación de Fauna Silvestre Güirá Oga. Gracias a la atención inmediata, el felino inició un tratamiento intensivo que culminó con su recuperación.
La liberación se realizó el 17 de julio. De acuerdo con la Fundación Azara, la ocelote recuperó por completo sus capacidades físicas y comportamentales, condición indispensable para su regreso al ambiente natural.
Como parte del proceso, los especialistas le colocaron un collar con tecnología GPS que permitirá monitorear sus desplazamientos y evaluar su adaptación luego de la liberación. El seguimiento forma parte de un trabajo conjunto entre el Proyecto Yaguareté (CeIBA-CONICET) y el Projeto Onças do Iguaçu, en el marco de una cooperación científica orientada a la conservación de los grandes felinos de la región.
Los atropellamientos, una de las principales amenazas
Los investigadores recordaron que los atropellamientos representan una de las principales causas de mortalidad de la fauna silvestre en áreas protegidas. Por ese motivo, insistieron en la importancia de respetar los límites de velocidad y la señalización en las rutas que atraviesan parques nacionales, donde la circulación de animales es frecuente.
El ocelote, un felino clave para la Selva Misionera
El ocelote es el tercer felino de mayor tamaño de América, detrás del yaguareté y el puma. En Argentina está clasificado como una especie vulnerable debido a la pérdida de hábitat, la caza furtiva y los atropellamientos, aunque mantiene poblaciones en la Selva Paranaense.
Los adultos pesan entre 8,5 y 16 kilogramos y miden entre 65 y 97 centímetros de longitud, sin contar la cola. Se caracteriza por su pelaje de tonos amarillos, crema o gris con manchas negras en forma de rosetas, además de presentar orejas negras con una mancha blanca en la parte posterior.
Se trata de un animal solitario y territorial, de hábitos principalmente nocturnos, que utiliza la vegetación densa y las ramas de los árboles para descansar durante el día. Su distribución se extiende desde el sur de Estados Unidos hasta el norte de Argentina, donde ocupa ambientes selváticos y bosques tropicales.
Como carnívoro estricto, se alimenta de roedores, aves, reptiles y peces. Además, posee una destacada capacidad para trepar árboles y nadar, apoyada por un agudo sentido de la vista y del oído.
Una especie fundamental para el equilibrio del ecosistema
El ocelote cumple un papel relevante en el funcionamiento de los ecosistemas, ya que contribuye al control de poblaciones de pequeños vertebrados y su presencia es considerada un indicador del buen estado de conservación de la Selva Misionera. Por esa razón, también es utilizado en distintos estudios científicos como especie de referencia para evaluar la salud ambiental.
En Argentina, diversas organizaciones impulsan proyectos de recuperación y reintroducción de la especie en regiones donde desapareció, como los Esteros del Iberá, con el objetivo de fortalecer la biodiversidad y restaurar el equilibrio ecológico.
La liberación de esta hembra en Misiones representa un nuevo avance para la conservación de la fauna silvestre y refleja el trabajo coordinado entre instituciones científicas, guardaparques y organizaciones dedicadas al rescate y protección de especies nativas.
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