jueves, febrero 12, 2026
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Revolución Cósmica: ¿Y si el centro de la Vía Láctea no es un agujero negro sino materia oscura?

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Durante décadas, la ciencia ha sostenido la existencia de un coloso gravitacional en el centro de nuestra galaxia: Sagitario A* (Sgr A*), un agujero negro supermasivo con una masa cuatro millones de veces la del Sol. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la prestigiosa revista Monthly Notices of the Royal Astronomical Society plantea una hipótesis sorprendente que podría transformar nuestra comprensión del cosmos: ¿y si, en lugar de un agujero negro, lo que realmente reside en el corazón galáctico es una densa concentración de materia oscura?

Un paradigma bajo la lupa: Sagitario A* vs. la materia oscura

La teoría del agujero negro Sgr A* se ha consolidado gracias a su capacidad para explicar el comportamiento de un grupo de estrellas, conocidas como estrellas S, que orbitan a su alrededor a velocidades vertiginosas de miles de kilómetros por segundo. Pero este modelo no está exento de interrogantes. Aquí es donde entra en escena una colaboración internacional de expertos, que incluye al investigador del CONICET Carlos Argüelles del Instituto de Astrofísica de La Plata (IALP), proponiendo una alternativa elegante y unificadora.

Su hipótesis se centra en la materia oscura, esa misteriosa sustancia que compone aproximadamente el 85% de la masa total del universo. A diferencia de la materia ordinaria, no emite ni refleja luz, por lo que su presencia solo puede inferirse a través de sus efectos gravitacionales. Los investigadores proponen que un tipo específico de materia oscura, compuesta por partículas subatómicas ligeras llamadas fermiones, podría ser la clave para resolver el enigma del centro galáctico.

Un modelo que conecta el centro con los confines de la galaxia

El nuevo estudio demuestra que este modelo de materia oscura fermiónica puede formar una estructura cósmica única: un núcleo compacto y superdenso rodeado por un halo vasto y difuso. Esta configuración de «núcleo-halo» no solo actuaría como una entidad unificada, sino que también resolvería varias observaciones astronómicas a la vez, algo que el modelo del agujero negro no logra de forma tan integrada.

Por un lado, el núcleo interno sería tan denso y masivo que imitaría a la perfección la atracción gravitatoria de un agujero negro, explicando con precisión las órbitas de las estrellas S y otros objetos cercanos. Pero la verdadera genialidad del modelo reside en su capacidad de conectar escalas cósmicas radicalmente diferentes. El halo exterior de esta misma estructura de materia oscura explica de forma natural la curva de rotación de la Vía Láctea, es decir, cómo orbitan las estrellas en los confines de la galaxia, según los datos de alta precisión de la misión GAIA de la Agencia Espacial Europea.

¿Y si el centro de la Vía Láctea no es un agujero negro sino materia oscura?
¿Y si el centro de la Vía Láctea no es un agujero negro sino materia oscura?

«Esta es la primera vez que un modelo de materia oscura logra conectar estas escalas tan diferentes», explica Carlos Argüelles. «No estamos simplemente reemplazando el agujero negro con un objeto oscuro. Estamos proponiendo que el objeto central supermasivo y el halo de materia oscura de la galaxia son dos manifestaciones de la misma sustancia continua«.

La ‘sombra’ del misterio y el futuro de la astronomía

Una de las pruebas más icónicas de la existencia de Sagitario A* es la famosa imagen de su «sombra», capturada por el Event Horizon Telescope. ¿Cómo encaja esto en el nuevo modelo? Valentina Crespi, autora principal del trabajo, lo aclara: «Nuestro modelo (…) también es consistente con la famosa imagen. El denso núcleo de materia oscura puede imitar la sombra porque curva la luz creando una oscuridad central rodeada por un anillo brillante, de manera análoga a como lo haría un agujero negro central».

Aunque los datos actuales todavía no permiten descartar definitivamente el modelo del agujero negro, la propuesta de la materia oscura ofrece un marco más unificado y completo. Abre una nueva y fascinante vía de investigación que podría no solo resolver los misterios del corazón de nuestra galaxia, sino también arrojar luz sobre la naturaleza fundamental de la materia oscura, el componente más enigmático del universo. Este cambio de paradigma, impulsado por la curiosidad y el rigor científico, nos recuerda que el cosmos siempre guarda sorpresas y que nuestra visión de él está en constante evolución.

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