Mientras la COP17 contra la desertificación no logra un pacto vinculante sobre sequía, se anuncian inversiones por 1.300 millones de dólares y nuevas herramientas tecnológicas para enfrentar una crisis que ya afecta a un cuarto de la población mundial.
Celebrada en Mongolia, la cumbre cierra con un importante impulso financiero para la acción en el terreno, aunque deja en evidencia la dificultad de alcanzar un consenso político vinculante para gestionar las sequías a nivel mundial.
Ante la creciente amenaza de la aridez en biomas clave como el Cerrado y la Amazonía, el gobierno brasileño se compromete a una de las mayores iniciativas de recuperación de tierras del mundo para 2030.
Un informe de la ONU revela que el 50% de estos ecosistemas vitales están al borde de la degradación, amenazando la seguridad alimentaria de 2.000 millones de personas y la biodiversidad global.
En el Día Internacional de Lucha contra la Desertificación 2026, Naciones Unidas advierte que cada año se pierde una superficie de tierra fértil del tamaño de Egipto. La clave para revertirlo podría estar en un ecosistema subestimado que cubre más de la mitad del planeta.