sábado, enero 31, 2026
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El precio de la inacción: los ‘químicos eternos’ podrían costar a Europa 440.000 millones de euros

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La Comisión Europea ha lanzado una advertencia contundente y cuantificable: la inacción frente a la contaminación por «químicos eternos» podría tener un costo astronómico. Un reciente estudio estima que la factura para la Unión Europea podría ascender a 440.000 millones de euros de aquí a 2050 si no se toman medidas drásticas para controlar la dispersión de estas sustancias.

¿Qué son los PFAS y por qué son un problema?

Los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) son una familia de miles de compuestos químicos sintéticos conocidos por su increíble resistencia al calor, al agua y al aceite. Esta durabilidad, que los hace útiles en sartenes antiadherentes, ropa impermeable, espumas contra incendios y envases de alimentos, es también su mayor peligro. Se los apoda «químicos eternos» porque prácticamente no se degradan en el medio ambiente y pueden acumularse en el suelo, el agua y los organismos vivos, incluidos los seres humanos.

La exposición a ciertos niveles de PFAS se ha relacionado con una serie de problemas de salud, como afectaciones al sistema inmunitario, problemas de desarrollo en niños y un mayor riesgo de ciertos tipos de cáncer. Su omnipresencia los ha convertido en un desafío ambiental y sanitario de primer orden a nivel mundial.

El precio de la inacción: los 'químicos eternos' podrían costar a Europa 440.000 millones de euros
El precio de la inacción: los ‘químicos eternos’ podrían costar a Europa 440.000 millones de euros

Ponerle precio a la contaminación

El informe de la Comisión Europea no se limita a señalar los riesgos para la salud o el ecosistema; traduce la amenaza en el lenguaje universal de la economía. La cifra de 440.000 millones de euros representa una proyección de los costos asociados a la atención médica, la pérdida de productividad y la descontaminación de suelos y aguas, entre otros impactos socioeconómicos derivados de la contaminación continua.

Esta estrategia de cuantificar el daño busca crear un sentido de urgencia para los responsables políticos y la industria. Al demostrar que prevenir la contaminación es significativamente más barato que remediar sus consecuencias, se fortalece el argumento a favor de una regulación más estricta y la búsqueda de alternativas más seguras y sostenibles.

Más allá de las fronteras europeas, este estudio sienta un precedente importante. Ponerle un precio tan elevado a la inacción ambiental transforma un problema difuso en una crisis económica tangible. Es un recordatorio de que la degradación del planeta no es gratuita y que, tarde o temprano, la factura siempre llega.

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