jueves, febrero 19, 2026
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El océano Atlántico se «dulcifica»: alerta científica sobre el colapso de una corriente clave para el clima global

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Un estudio oceanográfico reciente ha encendido las alarmas en la comunidad científica al detectar una caída del 30% en la salinidad de una región clave del océano Atlántico. Este cambio, sin precedentes en los registros modernos, no es una simple curiosidad química, sino un síntoma preocupante que podría anticipar el colapso de un sistema de corrientes fundamental para el equilibrio térmico del planeta.

El fenómeno se atribuye directamente al calentamiento global: el derretimiento acelerado de los glaciares y el aumento de las precipitaciones en las latitudes altas están vertiendo enormes volúmenes de agua dulce al Atlántico Norte. Esta ‘dulcificación’ del océano amenaza directamente a la Circulación Meridional de Vuelco del Atlántico (AMOC), un complejo sistema del que forma parte la famosa Corriente del Golfo y que actúa como una gigantesca cinta transportadora de calor desde los trópicos hacia el norte.

AMOC: el motor climático que se está debilitando

Para entender la gravedad de la situación, es crucial comprender cómo funciona este motor oceánico. La estabilidad de la AMOC depende de un delicado equilibrio entre la temperatura y la salinidad del agua, un proceso conocido como circulación termohalina. En condiciones normales, el agua del Atlántico Norte, al ser fría y muy salada, es más densa y se hunde hacia las profundidades.

Este hundimiento crea un vacío que ‘tira’ de las aguas superficiales más cálidas y menos densas desde el ecuador, redistribuyendo el calor por todo el globo. Gracias a este mecanismo, por ejemplo, Europa Occidental disfruta de un clima mucho más templado que otras regiones en la misma latitud, como Canadá.

Sin embargo, la masiva inyección de agua dulce está alterando esta fórmula. Al disminuir la salinidad, el agua superficial se vuelve más ligera y menos densa. Esto dificulta o incluso impide su hundimiento, creando una especie de ‘tapa’ que frena todo el sistema. Es como si el motor de la cinta transportadora comenzara a perder fuerza, ralentizando el flujo de calor y energía que mantiene estable nuestro clima.

Un futuro de extremos: ¿qué pasaría si la corriente se detiene?

Los científicos advierten que este debilitamiento no es un evento aislado, sino un indicador de que podríamos estar acercándonos a un punto de inflexión climático. Si la AMOC se debilita críticamente o colapsa, las consecuencias serían una reorganización profunda y abrupta del clima mundial. Los modelos climáticos sugieren escenarios drásticos: Europa podría enfrentar descensos de temperatura de hasta 10°C en pocas décadas, sumergiéndola en un enfriamiento severo.

Mientras tanto, el calor que ya no se transporta hacia el norte se acumularía en el hemisferio sur, intensificando las sequías, alterando los patrones de monzones tropicales y afectando gravemente la producción agrícola y la seguridad alimentaria a escala global.

Además, el nivel del mar no aumentaría de manera uniforme. La costa este de Estados Unidos, con ciudades como Nueva York, Boston y Miami, podría experimentar inundaciones aceleradas, ya que la corriente ayuda a redistribuir las masas de agua, y su freno provocaría una acumulación de agua en ciertas zonas costeras.

El océano Atlántico se "dulcifica"
El océano Atlántico se «dulcifica»

Una señal de alarma que no podemos ignorar

Con proyecciones que indican que los próximos años seguirán batiendo récords de temperatura, la liberación de agua dulce desde el Ártico se intensificará. La desalinización detectada es un síntoma claro de un sistema planetario bajo un estrés extremo. Lo más preocupante es que, una vez superado un umbral crítico, el colapso de la AMOC podría ser irreversible. Hoy por hoy, no existe tecnología capaz de reiniciar la circulación oceánica a una escala tan masiva.

Por ello, la vigilancia científica constante y, sobre todo, una reducción drástica y urgente de las emisiones de gases de efecto invernadero se vuelven más prioritarias que nunca. Evitar el colapso de la AMOC no es solo una cuestión de investigación oceanográfica; es una necesidad imperiosa para preservar uno de los engranajes más esenciales del equilibrio climático que sustenta la vida en la Tierra tal como la conocemos.

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