Por primera vez en la historia reciente, un grupo de turistas logró observar y filmar a un yaguareté en libertad en un sendero de uso público de los Esteros del Iberá, Corrientes. El protagonista es “Ombú”, un joven macho nacido hace un año y medio en el centro de reintroducción de San Alonso, que ahora explora su nuevo hogar en la zona más visitada del parque.
Las imágenes, que rápidamente se viralizaron, muestran al imponente felino caminando con calma, cruzando el sendero a pocos metros de los visitantes. Lejos de mostrarse agresivo, Ombú se retiró tranquilamente hacia el monte, una clara señal de que la coexistencia entre la fauna silvestre y el turismo de naturaleza es posible. Este avistamiento no es solo una anécdota, sino la prueba tangible del éxito de uno de los proyectos de rewilding más ambiciosos del mundo.
Un símbolo del regreso a casa
El regreso del yaguareté a Corrientes es un verdadero milagro de la conservación. Tras haber sido extinguido en la provincia durante más de 70 años, el proyecto impulsado por la Fundación Rewilding Argentina ha logrado establecer una población saludable que ya supera los 50 ejemplares en libertad. Corrientes es hoy la única provincia del país donde la población de este felino, el más grande de América, está creciendo tanto en número como en área de distribución.
Este hito contrasta fuertemente con la situación crítica que la especie enfrenta en otras regiones. En la Selva Paranaense de Misiones, así como en el Chaco y las Yungas, los yaguaretés continúan perdiendo territorio debido a la deforestación y la caza furtiva. El éxito en Iberá, por lo tanto, no solo celebra una victoria local, sino que también ofrece una hoja de ruta y una dosis de esperanza para las áreas donde la lucha por su supervivencia es diaria.
¿Por qué es tan importante la presencia del yaguareté?
Considerado Monumento Natural Nacional por la Ley N° 25.463, la protección del yaguareté es una obligación y una necesidad para la salud de nuestros ecosistemas. Su rol va mucho más allá de su imponente belleza, cumpliendo funciones ecológicas, culturales y económicas clave:
- Depredador tope: Regula las poblaciones de otras especies, como carpinchos y corzuelas, manteniendo el equilibrio natural y evitando la sobrepoblación de herbívoros.
- Restauración ecológica: Su presencia reconstruye la cadena alimentaria completa, devolviendo al ecosistema su funcionalidad y resiliencia originales.
- Motor del turismo de naturaleza: El avistamiento de fauna de alto valor, como el yaguareté, potencia a Iberá como un destino de ecoturismo de clase mundial, generando empleo y desarrollo para las comunidades locales.
- Patrimonio cultural y natural: Es un símbolo de la biodiversidad argentina y un emblema de que la restauración de la naturaleza es posible.
El avistamiento de Ombú no es el final del camino, sino el comienzo de una nueva era para los Esteros del Iberá. Demuestra que cuando existe un compromiso sostenido, es posible revertir la extinción y construir un futuro donde la naturaleza y las personas prosperen juntas. Mientras Iberá celebra, este hito sirve como un faro de inspiración, demostrando que la recuperación del rey de nuestras selvas es un objetivo alcanzable.
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