La caminata de dos turistas por los acantilados del sur de Santa Clara del Mar se transformó en un extraordinario viaje a la prehistoria. Lo que parecía una roca de forma peculiar resultó el fémur derecho de un megaterio, un perezoso gigante que deambuló por la región pampeana hace unos 400.000 años. El hallazgo, protagonizado por Mario Cianciola y Lumar Ávila González, no solo es un golpe de suerte, sino una valiosa pieza para comprender a los gigantes de la Edad de Hielo.
Un hallazgo inesperado
El hueso recuperado mide 80 centímetros de largo por 50 de ancho y, según los expertos, es uno de los fósiles de megaterio mejor conservados hallados en la costa bonaerense. Su excelente estado se debe en parte a su particular coloración anaranjada, producto de los sedimentos ricos en óxidos de hierro que lo protegieron durante milenios. Esta mineralización permitió que se preservaran detalles finísimos, como las estrías donde se insertaban los poderosos músculos del animal.
El paleontólogo Matías Taglioretti destacó la importancia del descubrimiento, explicando que este fémur permitirá al especialista Néstor Toledo, del Conicet, avanzar en la reconstrucción detallada de la estructura corporal y muscular del Megatherium americanum. Junto al fémur, también se identificaron restos de la pelvis en buen estado, aunque su extracción es compleja y requerirá maquinaria pesada para evitar derrumbes en el acantilado.
Tras su rescate, el fósil fue trasladado al Museo Municipal de Ciencias Naturales “Lorenzo Scaglia” de Mar del Plata, con planes de ser exhibido finalmente en el Museo Pachamama de Santa Clara del Mar.
Retrato fósil de un coloso del Pleistoceno en la costa argentina
Imaginar al megaterio es visualizar a un gigante que sacudía el paisaje sudamericano. Este mamífero herbívoro podía alcanzar los 6 metros de longitud y pesar cerca de 3 toneladas, un tamaño comparable al de un pequeño camión actual. A pesar de su imponente figura, era un animal de movimientos lentos, que utilizaba sus enormes garras no solo para defenderse, sino principalmente para enganchar y derribar las ramas de los árboles de las que se alimentaba.
Apoyado sobre sus robustas patas traseras y una cola que funcionaba como un trípode, el megaterio se erguía para alcanzar la vegetación más alta. Su dentadura, adaptada para triturar hojas y brotes, revela una dieta estrictamente vegetariana. Este gigante gentil formó parte de la megafauna que dominó el continente durante el Pleistoceno, hasta su extinción hace unos 11.700 años, un evento atribuido a la combinación del cambio climático post-glaciación y la posible presión de los primeros cazadores humanos.
El patrimonio del pasado escondido bajo la tierra
La costa atlántica de Buenos Aires, y en particular la zona de Mar Chiquita, se ha consolidado como un verdadero archivo a cielo abierto de la vida prehistórica. En los últimos años, los hallazgos se han multiplicado, en 2023 se encontraron vértebras y dientes de megaterio en Camet Norte; en 2022, una niña y un niño protagonizaron el descubrimiento de una vértebra y un cráneo de un antiguo camélido, respectivamente; y en 2021, un equipo científico desenterró un cráneo de megaterio de más de 3,5 millones de años. Cada uno de estos hallazgos confirma que la región es un reservorio clave para la paleontología mundial.
El fémur de Santa Clara del Mar es más que un hueso antiguo; es una cápsula del tiempo geológica que nos conecta con un mundo perdido. Hallazgos como este, a menudo impulsados por la curiosidad ciudadana, subrayan la importancia de proteger nuestros paisajes costeros, que actúan como guardianes silenciosos de la profunda y fascinante historia de nuestro planeta.
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