En un mundo que busca desesperadamente alternativas a los combustibles fósiles, la historia de Simon y su catamarán ‘Old Dog’ emerge como un faro de inspiración. Lo que comenzó como un velero Wharram Oro 47 de 1976, abandonado por más de una década, se ha transformado en un hogar moderno y completamente autosuficiente que navega gracias al poder del sol. Un proyecto que fusiona la pasión por el mar con una profunda convicción por la sostenibilidad.
De la ruina a la reinvención
Simon, quien ya había explorado un estilo de vida nómada en una furgoneta, decidió dejar la tierra firme. Por solo 5.000 dólares canadienses, adquirió un barco que para muchos era chatarra, pero que para él escondía una estructura sólida y un potencial ilimitado. La tarea de restauración fue monumental. Implicó reemplazar las quillas, retirar cientos de kilos de pintura vieja y renovar cada centímetro de la cubierta. El casco fue meticulosamente reforzado con una combinación de contrachapado, cedro, resina epoxi y fibra de vidrio.
El proceso fue tan profundo que, según Simon, sintió que el barco se había “construido al ser reconstruido”, una obra que ahora lleva su impronta personal más que la del astillero original. Este no fue un simple arreglo, sino un renacimiento completo, sentando las bases para su revolución energética.

Un hogar autosuficiente en alta mar
La innovación más radical del ‘Old Dog’ fue la decisión de eliminar por completo el viejo motor diésel. En su lugar, Simon instaló un sofisticado sistema eléctrico alimentado por 16 paneles solares de 330 vatios cada uno. En conjunto, generan una impresionante potencia de 5.280 vatios, que se almacena en un robusto banco de baterías de litio de 20 kWh.
Esta central eléctrica flotante no solo impulsa el motor eléctrico de 12 kWh del barco, permitiéndole alcanzar una velocidad de crucero de 3,5 a 4 nudos, sino que también alimenta todas las comodidades de un hogar moderno. Desde un horno de inducción y una lavadora hasta los equipos para producir agua potable, todo funciona con energía limpia. En un día soleado de verano, el sistema genera tanta energía que Simon puede navegar hasta 50 kilómetros sin siquiera tocar las reservas de la batería.
Navegando hacia la independencia energética
Vivir a bordo del ‘Old Dog’ es mucho más que una aventura náutica; es una declaración de principios. El proyecto de Simon demuestra que la autonomía energética no es una utopía lejana, sino una realidad alcanzable con ingenio y determinación. Su hogar, equipado con cuatro literas, una cocina completa y una cómoda sala de estar, es un testimonio de que la vida sostenible no implica renunciar al confort.
Así, el ‘Old Dog’ recuerda que, a veces, las soluciones más innovadoras para el futuro pueden encontrarse en la reinvención inteligente del pasado, demostrando que es posible vivir en armonía con la naturaleza, incluso sobre las olas del mar.
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