Casi un tercio de Argentina se encuentra afectado por la sequía, una condición que compromete a más de 760.000 kilómetros cuadrados y pone en jaque a las principales zonas productivas del país. Según el último informe del Sistema de Información sobre Sequías para el Sur de Sudamérica (SISSA), el 29,86% del territorio nacional presenta algún grado de déficit hídrico, con un epicentro de severidad en la provincia de Córdoba, justo en un momento clave para el desarrollo de los cultivos de soja y maíz.
El mapa del déficit hídrico: Un diagnóstico nacional
El relevamiento, que cubre el trimestre del 26 de octubre de 2025 al 25 de enero de 2026, dibuja un panorama de contrastes. Mientras que el 70,14% del país no registra condiciones de sequía, la escasez de agua se concentra con precisión quirúrgica en el corazón agrícola argentino. La superficie afectada se distribuye en distintas categorías de intensidad, desde zonas ‘anormalmente secas’ hasta focos de ‘sequía excepcional’, la más grave de todas.
Esta concentración geográfica es lo que enciende las alarmas: no se trata de una sequía extendida en zonas áridas, sino de un golpe directo a la pampa húmeda, motor económico y alimentario del país.
Impacto en Córdoba y Buenos Aires
Las dos provincias más afectadas presentan realidades distintas pero igualmente preocupantes. Por un lado, Buenos Aires es la provincia con mayor extensión comprometida, ya que más del 80% de su superficie sufre algún tipo de déficit hídrico. Sin embargo, la mayor parte de su territorio se encuentra en las categorías más leves, como ‘anormalmente seco’ (41,21%) y ‘sequía moderada’ (32,98%).
La situación en Córdoba, en cambio, es la más crítica del país en términos de severidad. Más de la mitad de la provincia (más de 86.000 km²) está bajo estrés hídrico, y es aquí donde se registran los niveles más alarmantes. El desglose de la situación cordobesa es contundente:
- Sequía severa: 19,78% del territorio (32.433 km²).
- Sequía extrema: 15,84% (25.962 km²).
- Sequía excepcional: 2,76% (4.532 km²).
Este escenario es especialmente grave considerando el rol de Córdoba como principal productora de maíz y su importante actividad ganadera, ambas altamente dependientes de la disponibilidad de agua. En menor medida, Santa Fe y Entre Ríos también muestran focos de sequía, principalmente en sus zonas productivas del sur.

Impacto en el campo: Soja y maíz en jaque
Las consecuencias de esta falta de agua ya se sienten en los campos. La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió que las lluvias de enero en la región núcleo, la más productiva, apenas alcanzaron el 30% de los valores históricos para el mes. Esta escasez llega en el peor momento del ciclo de los cultivos de verano.
Para la soja de primera, el cultivo estrella, los especialistas ya anticipan pérdidas de rendimiento que serán difíciles de recuperar, incluso si las lluvias regresaran de inmediato. En cuanto al maíz tardío y de segunda siembra, el panorama es igualmente sombrío: unas 90.000 hectáreas se encuentran en estado regular, esperando precipitaciones que podrían no llegar a tiempo para salvar la cosecha.
La sequía que afecta a casi un tercio de Argentina no es solo una estadística climática; es una amenaza directa a la seguridad alimentaria y a la estabilidad económica. El informe del SISSA funciona como un llamado de atención que subraya la urgencia de repensar la gestión del agua y acelerar la implementación de prácticas agrícolas resilientes al cambio climático. Más que nunca, la adaptación y la planificación se convierten en las herramientas clave para navegar un futuro donde la disponibilidad de agua ya no puede darse por sentada.
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