En octubre de 2025, la comunidad internacional de conservación vivió un hecho histórico. Durante el Congreso Mundial de la Naturaleza de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), celebrado en Abu Dabi, los pastizales y su manejo sostenible fueron reconocidos de manera formal y explícita dentro de la política global de conservación. Por primera vez, estos ecosistemas, que cubren más de la mitad de la superficie terrestre del planeta, recibieron un tratamiento central en las resoluciones adoptadas por la organización más influyente del mundo en materia ambiental.
Durante décadas, los pastizales han permanecido en los márgenes de la agenda ambiental internacional. A pesar de su enorme extensión y de los servicios ecosistémicos que brindan, su visibilidad política y su nivel de protección siempre fueron mucho menores en comparación con los bosques tropicales o los ecosistemas marinos. El Congreso Mundial de la UICN 2025 marcó un punto de inflexión en esa tendencia, aprobando tres mociones decisivas que cambian el paradigma de conservación y colocan a los pastizales en el centro del debate global sobre biodiversidad, cambio climático y desarrollo sostenible.
Un reconocimiento largamente esperado
Los pastizales constituyen uno de los ecosistemas más extensos y diversos del planeta. Se extienden a lo largo de todos los continentes habitados y representan más del 50% de la superficie terrestre. Sin embargo, son también de los más amenazados y menos protegidos. La expansión agrícola, el sobrepastoreo, los incendios no controlados, la conversión del suelo y el avance urbano han provocado su degradación acelerada. En muchas regiones, su desaparición pasa casi inadvertida, ya que la pérdida de estos ambientes suele ser silenciosa, progresiva y menos visible que la deforestación de los bosques.
En este contexto, las resoluciones aprobadas por la UICN en Abu Dabi constituyen un cambio profundo en la percepción global de estos ecosistemas. Las tres mociones adoptadas establecen lineamientos concretos para orientar la acción de gobiernos, organizaciones no gubernamentales y comunidades locales hacia la protección, restauración y gestión sostenible de los pastizales nativos.
La primera de ellas declara el apoyo oficial al Año Internacional de los Pastizales y Pastores 2026, con el compromiso de desarrollar campañas globales de sensibilización y acción. Esta conmemoración busca aumentar el conocimiento público sobre la importancia de los pastizales, promover la valoración de las prácticas de manejo tradicional y destacar el papel de los pueblos pastores en la sostenibilidad de estos ecosistemas.
La segunda moción exhorta a los Estados y a las organizaciones de la sociedad civil a proteger y restaurar los pastizales nativos, reconociendo su papel crucial en la mitigación del cambio climático, la conservación de la biodiversidad y la seguridad alimentaria. La restauración de pastizales degradados se plantea como una herramienta efectiva para recuperar su capacidad de almacenamiento de carbono, mejorar la infiltración del agua y fortalecer la resiliencia de las comunidades rurales frente a los eventos climáticos extremos.
Por último, la tercera moción reconoce de manera explícita el manejo sostenible de los pastizales como un aliado central en la conservación de la naturaleza y en el sustento de millones de personas en todo el mundo. Con ello, se consolida una visión integradora que combina los objetivos de conservación con las necesidades económicas y culturales de las comunidades que dependen directamente de estos ecosistemas.
Pastizales: un patrimonio natural y cultural global
Más allá de su relevancia ecológica, los pastizales poseen un valor cultural y socioeconómico incalculable. Durante milenios, estos territorios han sido el hogar de comunidades pastoriles y agrícolas que desarrollaron sistemas productivos adaptados a sus condiciones. Su historia está profundamente entrelazada con la del ser humano: desde las grandes sabanas africanas y las estepas euroasiáticas hasta los pastizales templados de América del Sur y las praderas norteamericanas.
Estos ecosistemas cumplen funciones ecológicas esenciales. Son grandes reservorios de carbono, contribuyen a regular los ciclos hidrológicos, sostienen una gran diversidad de especies vegetales y animales, y proporcionan alimentos y recursos naturales que sustentan la economía de millones de personas. Sin embargo, su degradación amenaza no solo la biodiversidad, sino también la estabilidad climática y la seguridad alimentaria global.
En las últimas décadas, el reconocimiento de su valor ha ido ganando terreno entre científicos y conservacionistas. Diversas investigaciones han demostrado que los pastizales bien manejados pueden almacenar cantidades significativas de carbono en sus suelos, funcionando como sumideros naturales comparables a los bosques. Además, su capacidad de regeneración y su resiliencia los convierten en aliados estratégicos frente al cambio climático.

De la invisibilidad a la acción global
El Congreso Mundial de la Naturaleza de la UICN representa el máximo espacio de decisión para la comunidad global de conservación. En este foro se reúnen gobiernos, científicos, organizaciones no gubernamentales, comunidades locales y pueblos originarios para definir las prioridades ambientales a nivel planetario. Las resoluciones aprobadas en Abu Dabi establecen la política oficial de la UICN, que orientará la acción colectiva durante los próximos años.
La incorporación de los pastizales en esta agenda implica un cambio estructural en la forma de entender la conservación. Históricamente, la atención internacional se concentró en ecosistemas más visibles o carismáticos, mientras que los pastizales eran percibidos como espacios de transición o terrenos agrícolas. Este nuevo enfoque reconoce su identidad ecológica propia y su función vital dentro del equilibrio planetario.
A partir de ahora, los compromisos asumidos por la UICN tendrán un efecto directo en la planificación de políticas públicas, en la orientación de programas internacionales de cooperación y en la asignación de recursos para proyectos de restauración. Además, estos lineamientos influirán en los principales acuerdos multilaterales, como el Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), que definen las metas globales de protección ambiental y mitigación climática.
Un hito para América del Sur y los proyectos regionales
El impacto de las resoluciones aprobadas se extiende también a nivel regional. América del Sur alberga algunos de los sistemas de pastizales y sabanas más diversos y extensos del planeta, como el Cerrado brasileño, los Llanos colombianos y venezolanos, el Chaco y los pastizales del Cono Sur. En estos territorios, la presión del cambio de uso del suelo ha sido especialmente intensa, con consecuencias profundas para la biodiversidad y las comunidades rurales.
En este contexto, el resultado del Congreso de Abu Dabi representa un respaldo significativo a las iniciativas regionales que ya vienen trabajando en la protección y el manejo sostenible de estos ambientes. Entre ellas, se destaca el proyecto “Salvaguardando ecosistemas subvalorados: Protección, manejo y restauración de pastizales y sabanas naturales en Argentina, Colombia y Paraguay”, que actúa como un ejemplo concreto de cooperación internacional orientada a la restauración ecológica y al fortalecimiento de políticas públicas.
Este proyecto cuenta con el apoyo de la Iniciativa Internacional para el Clima (IKI), dependiente del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Conservación de la Naturaleza, Seguridad Nuclear y Protección del Consumidor de Alemania (BMUV), y se implementa mediante la colaboración de diversas organizaciones especializadas en conservación y producción sostenible. Su objetivo es generar modelos de manejo que integren la preservación de la biodiversidad con la producción agropecuaria y la inclusión social, contribuyendo a un desarrollo rural equilibrado.
A través de este tipo de alianzas, se busca demostrar que la conservación de los pastizales no está reñida con la actividad productiva. Por el contrario, los sistemas pastoriles bien gestionados pueden mejorar la salud del suelo, mantener la productividad a largo plazo y reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La clave radica en promover prácticas que respeten los ritmos naturales de los ecosistemas, eviten la sobreexplotación y aseguren la regeneración de la vegetación nativa.
Restaurar lo invisible: un desafío para el futuro
Uno de los mayores retos en la conservación de los pastizales es su visibilidad. A diferencia de los bosques, cuya tala genera un impacto visual inmediato, la degradación de los pastizales es gradual y muchas veces imperceptible para el ojo no entrenado. Los cambios en la composición de especies, la compactación del suelo o la pérdida de cobertura vegetal suelen pasar desapercibidos hasta que el daño es irreversible.
Por eso, las estrategias de restauración requieren una planificación de largo plazo y un conocimiento profundo de la dinámica ecológica de cada región. La restauración de pastizales no se limita a resembrar especies nativas, sino que implica recuperar procesos ecológicos: la fertilidad del suelo, la interacción entre especies, el ciclo del fuego y la relación entre los herbívoros y la vegetación. Se trata de reconstruir sistemas vivos y complejos que han evolucionado durante miles de años.
La incorporación de los pastizales en los compromisos internacionales abre la puerta a nuevos mecanismos de financiamiento, investigación y cooperación técnica. También impulsa la creación de indicadores específicos para medir la salud de estos ecosistemas y su aporte a los objetivos globales de desarrollo sostenible. En el marco del Año Internacional de los Pastizales y Pastores 2026, se espera que gobiernos, universidades y organizaciones sociales fortalezcan sus esfuerzos para recopilar datos, compartir conocimientos y promover políticas inclusivas que reconozcan el valor de los territorios pastoriles.
Conectar conservación, producción y cultura
Uno de los aspectos más innovadores de las nuevas resoluciones es su enfoque integrador. La conservación de los pastizales no se plantea como una actividad aislada, sino como parte de un entramado social, económico y cultural. Millones de personas en todo el mundo dependen directamente de estos ecosistemas para su subsistencia. Ganaderos, agricultores familiares y comunidades indígenas han desarrollado prácticas que, en muchos casos, son compatibles con la conservación de la biodiversidad y el uso sostenible de los recursos naturales.
El manejo tradicional del pastoreo, cuando se realiza de manera planificada y respetuosa de los ciclos ecológicos, contribuye al mantenimiento de los pastizales. El movimiento del ganado, la regeneración natural de las especies y la interacción con el fuego controlado son componentes que, lejos de destruir el ecosistema, pueden ayudar a conservarlo. Este reconocimiento marca un avance conceptual hacia modelos de producción que armonizan con la naturaleza, en lugar de oponerse a ella.
Asimismo, las políticas que promueven la conservación de los pastizales deben contemplar la equidad social y la participación de las comunidades locales. Los pueblos pastores, campesinos y originarios son guardianes históricos de estos territorios. Su conocimiento tradicional es fundamental para diseñar estrategias efectivas de manejo y restauración. Incorporar sus voces en los procesos de toma de decisiones no solo garantiza la legitimidad de las acciones, sino que también enriquece la base de conocimientos sobre el funcionamiento de los ecosistemas.
La UICN y el liderazgo global en conservación
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza es la organización ambiental más grande y antigua del mundo. Desde su fundación en 1948, ha jugado un papel central en la definición de políticas globales para la protección del planeta. Sus congresos mundiales constituyen espacios de deliberación donde se fijan las prioridades ambientales y se establecen compromisos concretos para los próximos años.
La aprobación de estas tres mociones en Abu Dabi reafirma la capacidad de la UICN para responder a los desafíos emergentes y actualizar su visión frente a las transformaciones ambientales del siglo XXI. El reconocimiento de los pastizales como un eje estratégico de la conservación representa un paso adelante hacia una agenda más inclusiva y equilibrada, que considera la totalidad de los ecosistemas terrestres y no solo aquellos que tradicionalmente concentraron la atención global.
Además, la decisión refuerza la coherencia entre las políticas de conservación y las metas internacionales de desarrollo sostenible, particularmente en lo referente a la acción climática, la vida de ecosistemas terrestres y la reducción de las desigualdades rurales. Los pastizales, al integrarse plenamente en este marco, se convierten en una herramienta clave para alcanzar los objetivos globales de resiliencia ecológica y justicia ambiental.
Un nuevo horizonte para la conservación mundial
El consenso alcanzado en el Congreso Mundial de la Naturaleza de 2025 representa un punto de partida para una nueva etapa en la conservación global. El desafío, a partir de ahora, será transformar las resoluciones en acciones concretas y sostenibles en el tiempo. La protección de los pastizales exige una colaboración constante entre gobiernos, comunidades locales, científicos y organizaciones internacionales.
La puesta en marcha del Año Internacional de los Pastizales y Pastores 2026 será una oportunidad única para visibilizar estos ecosistemas y para fortalecer las redes de trabajo que promuevan su manejo sostenible. También será un momento clave para generar conciencia pública sobre su importancia y para movilizar recursos que permitan avanzar en proyectos de restauración a gran escala.
El reconocimiento alcanzado en Abu Dabi demuestra que los pastizales, durante mucho tiempo invisibles para la política ambiental, comienzan a ocupar el lugar que les corresponde en la protección del planeta. Son paisajes esenciales, fuentes de vida y equilibrio, cuyo futuro dependerá de la capacidad colectiva para comprender su valor y asegurar su preservación.
En un contexto global marcado por la crisis climática, la pérdida de biodiversidad y la inseguridad alimentaria, la decisión de la UICN sienta un precedente histórico. Los pastizales ya no son un territorio olvidado: se convierten en símbolo de una nueva visión del mundo natural, una que reconoce la diversidad de sus ecosistemas y la interdependencia entre la naturaleza y las comunidades humanas.
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