La temporada de huracanes del Atlántico atraviesa un comportamiento inusual debido a la influencia de El Niño. Hasta comienzos de septiembre se registraron cinco tormentas con nombre, pero ninguna alcanzó la categoría de huracán, una situación que podría llevar a establecer un nuevo récord en la era de observaciones satelitales.
Una temporada con baja actividad en el Atlántico
Las tormentas nombradas hasta el momento fueron Arthur, Bertha, Cristobal, Dolly y Edouard. Sin embargo, ninguna logró fortalecerse hasta convertirse en huracán, pese a que septiembre corresponde al período de mayor actividad meteorológica en el Atlántico.
De acuerdo con un informe difundido por la cadena estadounidense WCNC, este comportamiento está relacionado principalmente con las condiciones atmosféricas asociadas a El Niño. El fenómeno favorece el incremento de los vientos en los niveles superiores de la atmósfera y genera una mayor cizalladura vertical sobre el Atlántico central.
El posible récord
En la era satelital moderna, que comenzó en 1966, la fecha más tardía registrada para la formación del primer huracán en el Atlántico fue el 11 de septiembre. Ese registro se produjo en las temporadas de 2002 y 2013, cuando se formaron los huracanes Gustav y Humberto, respectivamente.
Por lo tanto, si el Atlántico supera el 11 de septiembre sin registrar la formación de un huracán, la temporada 2026 establecerá un nuevo récord desde el inicio de las observaciones satelitales utilizadas para el seguimiento de los ciclones tropicales.
El contraste con el Pacífico oriental
Mientras el Atlántico presenta una actividad reducida, el Pacífico oriental registra un escenario diferente. Durante el mismo período se contabilizaron 13 tormentas con nombre, entre ellas cuatro huracanes y dos ciclones mayores.
Esta diferencia está vinculada con las condiciones de las aguas del Pacífico, que presentan temperaturas más elevadas y favorecen una mayor actividad tropical en esa región.
La influencia de El Niño
El Niño tiene un papel central en la disminución de la actividad de los sistemas tropicales en el Atlántico. El aumento de los vientos en las capas superiores de la atmósfera genera condiciones desfavorables para que las perturbaciones tropicales puedan organizarse y fortalecerse.
En consecuencia, la cizalladura vertical dificulta que estos sistemas desarrollen la estructura necesaria para evolucionar hasta convertirse en huracanes. Si esta situación se mantiene durante los próximos días, la temporada podría superar el registro histórico de demora en la aparición del primer huracán del Atlántico.
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