Un equipo de investigadores argentinos del CONICET y de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) realizó un estudio que aporta una nueva mirada sobre la historia evolutiva de los cetáceos, el grupo de mamíferos que incluye a ballenas, delfines y marsopas.
El trabajo, publicado en la revista científica Nature Communications, analizó la relación entre la diversidad de especies y los roles ecológicos que estos animales ocuparon en los océanos durante los últimos 50 millones de años. A través de modelos cuantitativos, los especialistas estudiaron cómo cambiaron las especies, sus características biológicas y sus funciones dentro de los ecosistemas marinos.
Los cetáceos protagonizaron una de las transformaciones evolutivas más importantes entre los mamíferos, al pasar de antepasados terrestres con cuatro extremidades a formas completamente adaptadas a la vida acuática. La investigación identificó tres períodos clave en esa historia.
El primero ocurrió durante el Eoceno-Oligoceno, hace aproximadamente 33 millones de años, cuando se produjo la transición desde ambientes terrestres hacia el océano. El segundo corresponde al Oligoceno tardío-Mioceno temprano, alrededor de 23 millones de años atrás, etapa en la que las ballenas con dientes evolucionaron hacia especies con barbas y los delfines desarrollaron la ecolocalización. El tercer momento se ubica en el Plio-Pleistoceno, hace unos 2,58 millones de años, cuando desaparecieron numerosos linajes y surgió la diversidad actual de cetáceos.
Diversidad de especies y funciones ecológicas
Los investigadores analizaron dos aspectos principales de la evolución de estos animales. Por un lado, la diversidad taxonómica, vinculada a la cantidad de especies que aparecieron y desaparecieron a lo largo del tiempo. Por otro, la disparidad ecológica, relacionada con características como el tamaño corporal, la alimentación, la capacidad auditiva, la locomoción y los ambientes que ocuparon.
Los resultados mostraron que la cantidad de especies no siempre estuvo directamente relacionada con la variedad de funciones ecológicas dentro de los ecosistemas marinos.
Durante el Mioceno, por ejemplo, existió una gran diversidad de especies, aunque con una menor variedad de roles ecológicos. En cambio, durante el Plio-Pleistoceno desaparecieron numerosos grupos, pero las funciones principales dentro del ecosistema permanecieron relativamente estables.
Según los especialistas, este hallazgo indica que la conservación del equilibrio ecológico no depende únicamente del número de especies, sino también de la permanencia de determinados roles, como el de grandes filtradores o depredadores principales.
Adaptaciones que marcaron el éxito evolutivo
El estudio también permitió determinar que algunas características fundamentales de los cetáceos se mantuvieron estables durante millones de años. Entre ellas se encuentran las barbas de las ballenas, que les permiten filtrar alimento del agua, y la ecolocalización desarrollada por delfines y marsopas.
Los investigadores señalaron que estas adaptaciones definieron el camino evolutivo del grupo y facilitaron la ocupación de distintos nichos dentro de la red trófica marina.
Las ballenas barbadas mostraron una mayor estabilidad evolutiva, con pocos cambios durante los últimos 20 millones de años. Los odontocetos, en cambio, como los delfines y cachalotes, presentaron una mayor diversidad de formas y estrategias de alimentación.
El análisis también reveló cambios en los roles ecológicos de algunas especies a lo largo del tiempo. Un ejemplo es el caso de los cachalotes, cuyos antepasados de hace unos 20 millones de años eran depredadores activos similares a las actuales orcas, mientras que las especies modernas se especializan principalmente en capturar calamares en aguas profundas.
Una base de datos para futuras investigaciones
El equipo, integrado exclusivamente por científicos argentinos, construyó una amplia base de datos con información de cetáceos actuales y fósiles a partir de publicaciones científicas, colecciones internacionales y observaciones propias realizadas en instituciones de distintos países.
Además, aplicó herramientas estadísticas que hasta ahora no habían sido utilizadas para estudiar la evolución de este grupo de mamíferos marinos.
Los investigadores consideran que el trabajo aporta un nuevo marco para analizar la evolución de los cetáceos, ya que permitió comprobar hipótesis previas y cuantificar procesos que hasta el momento habían sido estudiados principalmente desde una perspectiva descriptiva.
El estudio busca convertirse en una referencia para futuras investigaciones sobre la evolución, adaptación y conservación de uno de los grupos de animales más representativos de los océanos.





