Durante décadas, la estación seca de la Amazonía se ha vuelto cada vez más árida, un proceso estrechamente relacionado con la deforestación. Un estudio reciente publicado en Nature Communications confirmó con datos concretos lo que los científicos advertían desde hace tiempo: la pérdida de cobertura vegetal no solo transforma los paisajes, también altera el clima regional. Según el análisis, el 74,5 % de la disminución de las precipitaciones en la cuenca está directamente vinculado a la deforestación, que a su vez ha contribuido al aumento de las temperaturas extremas en la región.