La nación del sudeste africano se enfrenta a una grave crisis humanitaria tras lluvias torrenciales que han afectado a más de 800.000 personas, evidenciando la creciente amenaza de los eventos climáticos extremos.
Desde el inicio de la temporada de lluvias en octubre, el país africano enfrenta una devastadora crisis humanitaria que evidencia la creciente vulnerabilidad de la región ante los efectos del cambio climático.
La combinación de lluvias torrenciales y la gestión de presas ha desatado una crisis humanitaria, con los niños como el rostro más vulnerable de una tragedia que moviliza a la ONU.