Mientras la COP17 contra la desertificación no logra un pacto vinculante sobre sequía, se anuncian inversiones por 1.300 millones de dólares y nuevas herramientas tecnológicas para enfrentar una crisis que ya afecta a un cuarto de la población mundial.
Celebrada en Mongolia, la cumbre cierra con un importante impulso financiero para la acción en el terreno, aunque deja en evidencia la dificultad de alcanzar un consenso político vinculante para gestionar las sequías a nivel mundial.
Ante la creciente amenaza de la aridez en biomas clave como el Cerrado y la Amazonía, el gobierno brasileño se compromete a una de las mayores iniciativas de recuperación de tierras del mundo para 2030.