viernes, enero 23, 2026
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Nieve Rosa en la Antártida: El fenómeno que acelera el deshielo es más extenso de lo que se creía

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Lo que parece una postal de otro mundo es en realidad una señal preocupante. El fenómeno conocido como «nieve rosa» o «nieve de sandía», que tiñe de tonos rojizos vastas áreas de la Antártida, es mucho más extenso de lo que los científicos habían estimado. Un reciente estudio liderado por el Instituto de Ciencias Marinas de Andalucía (ICMAN-CSIC) confirma que estas floraciones de algas no son solo una curiosidad natural, sino un motor que contribuye a acelerar el deshielo en uno de los ecosistemas más vulnerables del planeta.

El color que absorbe el calor

La nieve prístina actúa como un gigantesco espejo, reflejando gran parte de la radiación solar de vuelta al espacio. Este proceso, conocido como efecto albedo, ayuda a mantener las regiones polares frías. Sin embargo, cuando las microalgas proliferan, su pigmentación rojiza —un mecanismo de defensa contra la radiación ultravioleta— oscurece la superficie. En lugar de reflejar la luz del sol, la nieve teñida la absorbe, aumentando su temperatura y, en consecuencia, su ritmo de derretimiento.

El estudio español ha demostrado que la extensión de estas floraciones es significativamente mayor de lo que se pensaba, lo que implica que su impacto en el balance energético de la Antártida también ha sido subestimado. Se crea así un peligroso círculo vicioso: a más deshielo, más agua líquida disponible para que las algas prosperen; y a más algas, más absorción de calor y, por tanto, más deshielo.

Un microcosmos con impacto global

Estas algas rojas son organismos microscópicos adaptados para sobrevivir en condiciones extremas. Permanecen latentes bajo el hielo durante el invierno y, con la llegada del sol y las temperaturas más suaves de la primavera y el verano polar, florecen masivamente. Su ciclo de vida está intrínsecamente ligado al clima, y su proliferación es un indicador visible de los cambios que está sufriendo el continente blanco.

La investigación no solo pone de manifiesto la necesidad de incluir el factor biológico en los modelos climáticos que predicen el futuro de los polos, sino que también nos recuerda la profunda interconexión de los sistemas terrestres. Un cambio en un organismo microscópico puede desencadenar consecuencias a escala planetaria. Comprender la magnitud real de la «nieve rosa» es, por tanto, un paso crucial para afinar nuestras proyecciones sobre el futuro del clima global y el aumento del nivel del mar.

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