Especialistas en infectología y epidemiología advierten que la combinación de estos factores representa un desafío sanitario, especialmente ante la posibilidad de un nuevo episodio intenso de El Niño. Además, señalan que el mosquito amplió su distribución geográfica en Argentina y llegó a zonas donde anteriormente las condiciones climáticas limitaban su presencia.
¿Cómo influye El Niño en la propagación del dengue?
Las alteraciones climáticas vinculadas con El Niño pueden generar condiciones favorables para el desarrollo del mosquito. Las temperaturas elevadas aceleran su ciclo reproductivo, mientras que las lluvias y la humedad pueden aumentar la disponibilidad de lugares donde deposita sus huevos.
Un estudio publicado en The Lancet Planetary Health, que analizó más de 18,8 millones de casos de dengue en 1.237 localidades de 21 países entre 2000 y 2019, determinó que por cada desviación estándar de aumento en la intensidad de El Niño del Pacífico Oriental, el riesgo de casos de dengue creció un 23,70%.
La investigación también estimó que el cambio climático provocado por la actividad humana explicó el 48,64% del incremento de casos atribuible al fenómeno, equivalente a 403.197 casos adicionales en las localidades estudiadas.
Por otra parte, un trabajo publicado en Nature Communications, basado en información de 57 países de América y Asia entre 1980 y 2024, estableció que el 63% de la variación interanual de los casos de dengue puede atribuirse a las fluctuaciones del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur.
Los registros históricos incluidos en ese análisis también muestran un aumento de los casos adicionales asociados con los episodios más intensos. Mientras que El Niño de 1982-1983 generó unos 200.000 casos por encima de lo esperado, el de 1997-1998 sumó 1,4 millones y el de 2015-2016, 4,1 millones. Durante el episodio de 2023-2024, la cifra llegó a 9,6 millones.
Las temperaturas y las lluvias favorecen al mosquito
El comportamiento del Aedes aegypti está estrechamente relacionado con las condiciones ambientales. A temperaturas cercanas a los 25 °C, casi el 98% de los huevos eclosionan con éxito, mientras que a los 30 °C las hembras pican con mayor frecuencia, lo que puede acelerar la transmisión del virus.
Además, el aumento de la temperatura acorta el tiempo entre la alimentación de la hembra y la puesta de huevos. Según los estudios citados, ese ciclo puede pasar de siete días a 24 °C a cinco días a 30 °C.
Las precipitaciones también cumplen un papel importante, aunque sus efectos varían según la región. Durante los períodos de sequía, la necesidad de almacenar agua puede generar criaderos en recipientes domésticos. En cambio, las lluvias intensas pueden provocar acumulaciones de agua estancada en zonas donde habitualmente hay menos precipitaciones.
A su vez, el infectólogo Hugo Pizzi advirtió que el mosquito ya cruzó el paralelo 42 sur, a la altura de Neuquén y Río Negro. Esta expansión refleja cómo los cambios en las condiciones climáticas pueden ampliar las áreas donde el vector encuentra un entorno favorable.
Qué medidas permiten anticipar nuevos brotes
Frente a este escenario, los especialistas destacan la importancia de fortalecer la vigilancia epidemiológica y ambiental para detectar cambios en las poblaciones de mosquitos antes de que aumenten los casos de dengue.
Entre las herramientas recomendadas se encuentran las ovitrampas, dispositivos que permiten identificar la presencia del Aedes aegypti a partir de la detección de sus huevos. El seguimiento de estos indicadores ayuda a evaluar la distribución del vector y anticipar posibles situaciones de riesgo.
También consideran necesario monitorear las temperaturas y las precipitaciones, además de mantener una comunicación permanente entre los equipos de salud para detectar de manera temprana los casos sospechosos.
La vigilancia debe complementarse con medidas de prevención en los hogares y espacios públicos, especialmente mediante la eliminación de recipientes y otros lugares donde pueda acumularse agua. Estas acciones siguen siendo necesarias incluso cuando se incorporan otras herramientas sanitarias.
La vacunación y la prevención siguen siendo fundamentales
La vacunación contra el dengue forma parte de las estrategias para reducir el impacto de la enfermedad. Según los especialistas, su importancia se relaciona, entre otros factores, con la existencia de cuatro serotipos del virus y con el riesgo de desarrollar cuadros graves en determinadas circunstancias durante una segunda infección.
La estrategia nacional de vacunación mencionada comprende a personas de entre 15 y 39 años en departamentos priorizados según criterios epidemiológicos, geográficos, socioeconómicos y de acceso a la salud. Entre las provincias incluidas se encuentra Misiones, junto con otras jurisdicciones del NOA, el NEA y la región Centro.
El esquema requiere dos dosis separadas por tres meses. Sin embargo, la vacuna no previene todas las infecciones ni reemplaza las medidas destinadas a evitar la reproducción del mosquito y las picaduras.
Por eso, ante la posibilidad de condiciones climáticas favorables para la proliferación del vector, los especialistas remarcan la necesidad de combinar vigilancia, vacunación y eliminación de criaderos. La evolución de El Niño y los efectos del calentamiento global plantean un desafío que requiere mantener las acciones de prevención y detección temprana.
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