En el confín helado del planeta, la Antártida se revela no solo como un desierto de hielo, sino como un laboratorio natural de luz extrema. Allí, un equipo de científicos del CONICET está llevando a cabo una misión pionera: descifrar los secretos de la radiación solar para mejorar la calidad de vida de quienes habitan el continente blanco y sentar las bases para los hábitats sustentables del futuro.
Una investigación en tres escalas: ciudad, edificio y cuerpo humano
El proyecto, liderado por los investigadores Juan Manuel Monteoliva, Roberto Germán Rodríguez y Emanuel Ricardo Schumacher, y coordinado por la doctora Andrea Pattini, se centra en la Iluminación Natural Sustentable. Lo que distingue a esta investigación es su enfoque integral, que aborda el fenómeno lumínico en tres dimensiones interconectadas, un método disruptivo para entender cómo vivir en un lugar donde el sol puede no ocultarse durante meses.
La primera escala es la urbana. Tomando como modelo el Fortín Sargento Cabral, los científicos analizan cómo la arquitectura, los materiales de construcción y la topografía del terreno interactúan con los cielos antárticos, modificando la luz disponible. La segunda escala es la edilicia, con el foco puesto en la Base Esperanza, especialmente en la Escuela Provincial N° 38 “Presidente Raúl Ricardo Alfonsín” —la más austral del mundo—. El objetivo es entender cómo la luz natural penetra en los espacios de trabajo y aprendizaje, afectando el bienestar y la productividad de sus ocupantes.
Finalmente, la tercera y más íntima escala es la humana. El equipo evalúa cómo el fenómeno del “sol de medianoche” y la exposición constante a la luz (tanto natural como artificial de pantallas) impactan en los ritmos circadianos, es decir, nuestro reloj biológico interno. Estudiar los patrones de sueño y la salud de la población civil y científica es clave para diseñar entornos que promuevan un descanso reparador en condiciones extremas.
Ciencia bajo cero: el reto de investigar en condiciones extremas
Realizar mediciones de precisión en la Antártida es una proeza técnica y humana. Según explica Roberto Germán Rodríguez, es la primera vez que se realiza un estudio de esta magnitud, combinando mediciones fotométricas con modelado 3D. “Estamos midiendo luz ambiental del espectro visible y circadiano. Buscamos obtener información para realizar modelos virtuales que nos permitan predecir las condiciones de luz durante todo el año, incluso cuando no estemos allí”, señala el investigador.
El equipo ha enfrentado condiciones implacables, operando instrumental sensible con vientos de más de 40 km/h y sensaciones térmicas de -19º C. En el verano polar, la ausencia de oscuridad total los obliga a trabajar en horarios poco convencionales para capturar cada matiz de la transición lumínica. Este esfuerzo no solo pone a prueba su resistencia, sino que también impulsa el desarrollo de nuevas metodologías científicas adaptadas a los entornos más hostiles de la Tierra.
Hacia un futuro responsable: soberanía, sostenibilidad y legado
Más allá de los datos y los modelos, este proyecto tiene un profundo impacto social y geopolítico. Los resultados, según Emanuel Ricardo Schumacher, serán un insumo fundamental para el diseño de futuros hábitats sustentables, aplicables no solo en bases antárticas, sino también en refugios de alta montaña y otras expediciones en climas extremos. “Buscamos generar bases de datos empíricas que posicionen a la ciencia argentina en redes de colaboración internacional”, afirma.

Esta investigación se alinea con el estricto Protocolo de Madrid, que regula la protección ambiental en la Antártida, asegurando que la presencia humana sea lo más armónica posible con el delicado ecosistema. Para la coordinadora Andrea Pattini, la misión tiene además un valor estratégico y simbólico. “Tenemos poca conciencia del carácter bicontinental de nuestro territorio”, reflexiona. Divulgar estos avances, concluye, es una forma de ejercer soberanía, recordando que es la ciencia el pilar que sostiene la presencia argentina en el continente blanco desde hace más de un siglo.
Mientras los datos de la campaña 2025-2026 son procesados, una certeza emerge: este estudio no solo traerá más y mejor luz a las bases argentinas, sino que iluminará el camino global sobre cómo la humanidad puede habitar, de forma saludable y sostenible, los rincones más desafiantes del planeta.
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