En la inmensidad de la Patagonia, donde el tiempo parece correr a otro ritmo, un ser vivo se erige como un testigo silencioso de la historia. Se trata del Alerce Abuelo, un ejemplar monumental de Fitzroya cupressoides que, con una edad estimada de 2.630 años, no solo es el árbol más antiguo de Argentina, sino también el segundo organismo vivo certificado más longevo del planeta. Ubicado en el corazón del Parque Nacional Los Alerces, en Chubut, este gigante de más de 50 metros de altura es mucho más que un atractivo turístico: es un faro de la biodiversidad y un símbolo de la resistencia de la naturaleza.
Un gigante que desafía al tiempo
¿Cuál es el secreto de su extraordinaria longevidad? La biología del Alerce Abuelo es una lección de paciencia y adaptación. Su supervivencia a través de más de dos milenios se debe a dos factores clave: un crecimiento extremadamente lento y la asombrosa resistencia de su madera. Esta combinación le ha permitido soportar cambios climáticos, incendios y la transformación del paisaje, evitando la putrefacción que afecta a otras especies. Cada uno de sus anillos es una página en la historia del sur del continente, registrando sequías, épocas de abundancia y eventos que ocurrieron mucho antes de la existencia de nuestro país.

El viaje para conocer a un testigo de la historia
Llegar hasta el Alerce Abuelo es una experiencia en sí misma, una peregrinación que combina aventura y profundo respeto por el entorno. El acceso está cuidadosamente regulado para minimizar el impacto humano. El recorrido comienza cruzando una pasarela sobre el cristalino río Arrayanes, seguido de una caminata de un kilómetro hasta Puerto Chucao. Desde allí, una navegación en catamarán atraviesa las aguas turquesas del Lago Menéndez, revelando paisajes de una belleza sobrecogedora. Finalmente, se desembarca en un denso alerzal, un ecosistema mágico donde conviven arrayanes, lianas y orquídeas silvestres. Para proteger a este tesoro natural, el contacto directo está prohibido. Los visitantes deben desinfectar su calzado y observar al Abuelo desde una distancia prudencial, un gesto que garantiza su preservación para las futuras generaciones.

La ciencia detrás de los milenios
La edad del Alerce Abuelo no es una leyenda, sino un dato confirmado por la ciencia. Mediante una perforación controlada y no destructiva, los investigadores extrajeron una delgada varilla de madera que llega hasta su centro. El análisis de sus anillos de crecimiento, un método conocido como dendrocronología, permitió contar uno a uno los años de su vida. Este registro lo posiciona como el segundo árbol más viejo del mundo con edad certificada, solo superado por Matusalén, un pino de más de 4.850 años en California, cuya ubicación exacta se mantiene en secreto para su protección. Existe otro ejemplar notable, el Gran Abuelo en Chile, con una edad estimada en 5.400 años, aunque su cálculo se basa en modelos informáticos y no en un conteo completo de anillos, lo que aún genera debate en la comunidad científica.
El Alerce Abuelo es, por tanto, un monumento vivo y un pilar del ecosistema que lo rodea. Su existencia, reconocida en 2017 cuando la UNESCO declaró al Parque Nacional Los Alerces como Patrimonio Mundial de la Humanidad, nos recuerda la fragilidad y la fuerza de nuestros bosques nativos. Más que un simple árbol, es un legado que hemos heredado del pasado profundo, un guardián que nos enseña sobre la importancia de conservar la biodiversidad como el patrimonio más valioso de nuestro planeta.
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