sábado, enero 31, 2026
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España 2025: Un récord devastador con más de 350.000 hectáreas arrasadas por el fuego

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El año 2025 quedará marcado en la memoria ambiental de España como un punto de inflexión crítico. Según datos provisionales del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), el fuego consumió un total de 354.793,50 hectáreas de superficie forestal, convirtiéndose en el peor registro de los últimos 30 años. Una cifra que no solo representa una pérdida irreparable de biodiversidad, sino que también enciende las alarmas sobre la nueva realidad de los incendios en un contexto de crisis climática.

Un balance desolador en cifras

El informe oficial detalla un panorama preocupante. Además de la inmensa superficie afectada, se contabilizaron un total de 63 grandes incendios forestales (GIF). Este término técnico se aplica a aquellos fuegos que superan las 500 hectáreas de extensión, caracterizados por su rápida propagación, alta intensidad y la extrema dificultad que presentan para los equipos de extinción. Son precisamente estos eventos de gran magnitud los responsables de la mayor parte del daño ecológico y material, dejando paisajes calcinados que tardarán décadas, o incluso siglos, en recuperarse.

La nueva era de los incendios inextinguibles

Lo que las estadísticas de 2025 reflejan no es un hecho aislado, sino la consolidación de una tendencia global que preocupa a la comunidad científica. Expertos advierten que estamos entrando en la era de los ‘megaincendios’ o incendios de sexta generación. Estos fenómenos, impulsados por olas de calor más frecuentes e intensas, sequías prolongadas y una acumulación de biomasa combustible en los montes, se comportan de manera mucho más virulenta y errática que los incendios tradicionales, llegando a crear sus propias condiciones meteorológicas y superando cualquier capacidad de extinción humana.

El caso de España en 2025 es un espejo en el que deben mirarse muchas regiones del mundo. La tragedia subraya la urgencia de adaptar las estrategias de prevención y extinción a un escenario climático que ha cambiado las reglas del juego. Ya no se trata solo de apagar fuegos, sino de gestionar los paisajes de forma resiliente y de abordar las causas de fondo que hacen que nuestros ecosistemas sean cada vez más vulnerables a las llamas. Un desafío que trasciende fronteras y nos interpela a todos.

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