El sistema financiero global, a menudo visto como un motor de industrias extractivas y de alto impacto ambiental, se encuentra en una encrucijada histórica. La propuesta es audaz y transformadora: debe abandonar su rol de «depredador» de los ecosistemas para convertirse en su principal «cuidador». Esta es la visión de Marc García-Durán, fundador de Underwater Gardens International (UGI), quien subraya la necesidad de un cambio radical en la forma en que el capital interactúa con el planeta.
De la explotación al cuidado: un nuevo paradigma financiero
Durante décadas, el modelo económico dominante ha incentivado inversiones que, directa o indirectamente, degradan la biodiversidad. Desde la financiación de proyectos de deforestación hasta el apoyo a industrias contaminantes, el dinero ha sido una fuerza que acelera la crisis ecológica. Sin embargo, la visión de García-Durán plantea una alternativa poderosa: redirigir esos flujos de capital hacia la protección y regeneración de la naturaleza.
Este cambio no se trata solo de desinvertir en actividades dañinas, sino de invertir activamente en soluciones basadas en la naturaleza. Proyectos como los que impulsa UGI, centrados en la restauración de ecosistemas marinos, son un ejemplo perfecto de cómo el capital puede generar no solo retornos económicos, sino también retornos ecológicos y sociales. Se trata de entender que un ecosistema sano es, en sí mismo, el activo más valioso.
Una ola de conciencia que impulsa el cambio
A pesar de que el contexto económico global pueda presentar retrocesos temporales en la agenda verde, García-Durán se muestra optimista. Sostiene que una creciente ola de conciencia está a punto de desatar una movilización financiera sin precedentes en favor de la biodiversidad. «Cada vez serán más los que abrirán los ojos», afirma, sugiriendo que la evidencia científica y la presión social harán inevitable esta transición.
El desafío es monumental, pero la lógica es implacable. La estabilidad económica a largo plazo depende intrínsecamente de la estabilidad de los sistemas naturales que sustentan la vida y la producción. La transición de un sistema financiero depredador a uno cuidador no es una utopía, sino una necesidad estratégica para un futuro próspero y resiliente. El capital tiene la oportunidad de dejar de ser parte del problema para convertirse en la herramienta más poderosa de la solución.





