jueves, septiembre 10, 2026
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La bioeconomía en Latinoamérica podría generar 7.800 millones de dólares hacia 2050

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La bioeconomía en Latinoamérica tiene potencial para multiplicar su valor en las próximas décadas y convertirse en uno de los ejes de la transición energética global. Así fue planteado durante el IV Foro Latinoamericano de Economía Verde, realizado en São Paulo, donde especialistas analizaron las oportunidades y desafíos que enfrenta la región en un contexto marcado por la incertidumbre geopolítica y los elevados precios del petróleo.

De acuerdo con los especialistas reunidos en el encuentro, el uso sostenible de las materias primas podría generar hasta 7.800 millones de dólares hacia 2050. La propuesta apunta a aprovechar los recursos naturales de manera sostenible, incorporando además a las comunidades indígenas en los procesos de transformación y generación de valor.

Biodiversidad y desafíos climáticos

La riqueza natural de Latinoamérica constituye uno de los principales recursos para avanzar hacia una economía verde. La región cuenta, además, con minerales considerados esenciales para la fabricación de baterías y turbinas eólicas, lo que representa una oportunidad para fortalecer su participación en la transición energética.

Sin embargo, este potencial se desarrolla en un escenario condicionado por los efectos del cambio climático. Entre las principales amenazas se encuentra el fenómeno de El Niño, que puede incrementar los riesgos de sequías e incendios forestales.

En este contexto, el científico Carlos Nobre advirtió que el próximo episodio de El Niño podría ser el más severo en un siglo. Según lo planteado durante el foro, este escenario podría profundizar las condiciones de sequía y favorecer un aumento en la frecuencia de los incendios.

Producción sostenible y participación de las comunidades

Frente a estos desafíos, distintas organizaciones trabajan en el desarrollo de prácticas orientadas a una bioeconomía sostenible. Entre ellas se encuentra Imaflora, que impulsa capacitaciones para agricultores y promueve alternativas como el desarrollo de plantas genéticamente más resistentes.

La incorporación de las comunidades indígenas también aparece como un componente relevante. El objetivo es que los recursos naturales no sean solamente extraídos, sino que puedan ser procesados en los propios territorios para generar productos con mayor valor agregado.

La biodiversidad de la Amazonía representa una de las principales oportunidades en este sentido. Productos endémicos como el açaí y el guaraná pueden ser aprovechados mediante modelos de producción sostenible.

Un ejemplo presentado durante el foro es la primera biofábrica de chocolate de Rondônia, gestionada por el pueblo Paiter Suruí. La iniciativa muestra una alternativa para agregar valor a la producción local a partir de recursos vinculados con el territorio.

Cooperación regional y seguridad energética

El escenario geopolítico también fue analizado como un factor que puede impulsar una mayor cooperación entre los países latinoamericanos. La exministra brasileña Izabella Teixeira planteó la necesidad de fortalecer la cooperación regional para acceder a tecnologías avanzadas y avanzar hacia una seguridad energética efectiva.

De esta manera, la transición energética aparece vinculada no solamente con la disponibilidad de recursos naturales, sino también con la capacidad de los países de la región para desarrollar tecnologías, generar valor y establecer mecanismos de cooperación.

Turismo sostenible como alternativa económica

El turismo sostenible fue otro de los sectores señalados como potencial motor de desarrollo económico. En este caso, el desafío consiste en lograr que los beneficios de la actividad permanezcan en los territorios y contribuyan directamente con las comunidades locales.

Según el Banco Interamericano de Desarrollo, una de las claves consiste en maximizar los beneficios locales y asegurar que el gasto realizado por los visitantes tenga un impacto positivo en las comunidades.

El IV Foro Latinoamericano de Economía Verde, que contó con el apoyo de WWF-Brasil y otras organizaciones, puso así en discusión el potencial de la bioeconomía latinoamericana y la necesidad de avanzar hacia modelos productivos que permitan aprovechar los recursos naturales sin dejar de lado su conservación.

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