La selva misionera celebró una nueva victoria para la vida silvestre. En una jornada cargada de simbolismo, el Ministerio de Ecología concretó la liberación de tres animales silvestres que completaron un exitoso proceso de rehabilitación en el Parque Ecológico El Puma. Un coatí, una mona carayá y una zorrita regresaron a su hábitat natural, cerrando capítulos de sufrimiento marcados por el mascotismo, la tenencia ilegal y el desplazamiento urbano.
El desafío de borrar la huella humana: la historia del coatí
Uno de los protagonistas de esta historia es un coatí que ingresó al centro de rescate hace un año, siendo apenas una cría. Su caso es un claro ejemplo de las consecuencias del mascotismo: separado de su madre y de su entorno, el pequeño animal requirió un extenso y meticuloso proceso de crianza y readaptación. El objetivo principal del equipo técnico y veterinario era complejo: devolverle sus instintos salvajes y evitar la peligrosa impronta humana, que es cuando un animal se identifica con sus cuidadores y pierde la capacidad de sobrevivir por sí mismo.
Durante meses, el trabajo se centró en estimular conductas propias de su especie. Se le enseñó a buscar su propio alimento, a escarbar la tierra en busca de insectos y a reconocer los frutos del monte que componen su dieta natural. Paralelamente, se realizaron rigurosos controles sanitarios, incluyendo estudios clínicos y análisis de sangre, para asegurar que estuviera en óptimas condiciones y no representara un riesgo para las poblaciones silvestres. Su liberación no fue solo un acto de soltarlo en el monte, sino la culminación de un año de ciencia, paciencia y dedicación.

Atrapada en la ciudad: el rescate de la mona carayá
La segunda historia destacada es la de una hembra de mono carayá, cuyo rescate en el barrio Villa Cabello de Posadas requirió un operativo coordinado. El animal había quedado aislado en una zona urbana, desplazándose entre los árboles durante días, desorientado y sin acceso a una alimentación adecuada. Su rescate fue una misión conjunta que involucró a guardaparques, veterinarios, bomberos y la policía, demostrando la importancia de la colaboración interinstitucional.
Al llegar al Parque El Puma, los especialistas confirmaron que, si bien su estado general era bueno, presentaba un bajo peso. Su recuperación se enfocó en una dieta específica a base de hojas, frutos y vegetales nativos, en un recinto especialmente adaptado para primates. Una vez que recuperó su condición física y se constató su aptitud conductual, se planificó su liberación en un área estratégica: una zona donde existen comunidades de carayás monitoreadas, aumentando así sus posibilidades de integración y supervivencia.
Un triunfo para la conservación que inspira
Cada liberación es un logro mayúsculo, un recordatorio del impacto positivo que pueden tener las políticas de conservación y el trabajo dedicado. Desde el equipo del Parque El Puma destacaron que, lamentablemente, no todos los animales rescatados logran regresar a la naturaleza, ya que las secuelas físicas o conductuales del cautiverio a veces son irreversibles. Por eso, el regreso de estos tres ejemplares es motivo de gran orgullo.
“Esto es un final súper feliz que hay que festejar realmente”, expresaron desde el equipo veterinario, resumiendo la emoción y el significado de su labor. Estas historias no solo representan una segunda oportunidad para un coatí, una mona y una zorrita, sino que también son un poderoso llamado de atención sobre nuestra responsabilidad de proteger la fauna nativa y denunciar la tenencia ilegal, la única forma de evitar que estas historias de rescate sean necesarias.
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