El ambicioso objetivo de Google de operar con energía libre de carbono las 24 horas del día en todos sus centros de datos para 2030 enfrenta importantes obstáculos debido al crecimiento exponencial de la demanda eléctrica, impulsado por la expansión de la inteligencia artificial y la digitalización masiva de servicios. La compañía, conocida por sus innovaciones tecnológicas y su liderazgo en sostenibilidad, se encuentra ahora en un punto crucial: equilibrar su crecimiento tecnológico con la necesidad de reducir su impacto ambiental y cumplir las metas de energía limpia que anunció hace cinco años.
Google publicó recientemente datos sobre el impacto ambiental asociado al uso de Gemini, su modelo de inteligencia artificial conversacional. El informe detalla el consumo de energía, las emisiones de carbono y el gasto de agua vinculados a las interacciones promedio con el chatbot, poniendo en cifras concretas una discusión cada vez más presente: la huella ambiental de la inteligencia artificial.