Cada 29 de agosto, Argentina se suma a la conmemoración del Día del Árbol, instaurado en 1900 como un recordatorio de la importancia de la naturaleza en la vida humana. Más de un siglo después, la fecha ha cobrado un valor renovado frente a los desafíos que plantea la crisis climática global. Ya no se trata solamente de una jornada simbólica, sino de un llamado urgente a la acción frente a la deforestación, la pérdida de biodiversidad y el deterioro de los ecosistemas que sostienen la vida.
Cada 7 de julio, se conmemora en varios países de América Latina el Día Internacional del Suelo, una jornada dedicada a reflexionar sobre la salud de este recurso vital, a menudo olvidado pero imprescindible. El suelo sostiene la vida vegetal, filtra el agua, regula el clima y permite la producción de alimentos. Sin embargo, también es uno de los recursos más degradados del planeta.
Hoy, como cada 22 de mayo desde el año 2000, el mundo conmemora el Día Internacional de la Diversidad Biológica, una fecha clave proclamada por la Asamblea General de las Naciones Unidas para recordar la importancia vital de la biodiversidad en nuestras vidas. Este día coincide con el aniversario de la aprobación del Convenio sobre la Diversidad Biológica, firmado en 1992 durante la histórica Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, que marcó un antes y un después en el compromiso global con la conservación del planeta.