Más de 1.000 hectáreas arden en el área radiactiva, un refugio para lobos, osos y especies raras. Autoridades monitorean la radiación en medio de tensiones por la caída de drones.
Lejos de ser un desierto sin vida, la Zona de Exclusión es hoy un laboratorio natural sin precedentes. La ciencia revela cómo la fauna se adapta a la radiación y plantea una pregunta incómoda: ¿es la actividad humana más devastadora que un desastre nuclear?
Casi 40 años después del desastre nuclear de Chernóbil en 1986, la ciencia vuelve a poner el foco sobre una de las zonas más estigmatizadas del planeta. Un equipo conjunto de investigadores de la Universidad de Portsmouth en el Reino Unido y del Instituto Ucraniano de Radiología Agrícola ha desarrollado un innovador método para reevaluar la seguridad de tierras agrícolas contaminadas con radiación, con el objetivo de permitir su uso controlado y seguro en el futuro cercano