Misiones atraviesa un escenario de alta tensión ambiental. La combinación de una sequía prolongada y una ola de calor extremo da lugar a un escenario peligroso que pone a la provincia en alerta máxima ante el riesgo de incendios forestales. Febrero se perfila como un mes crítico, donde la prevención y la responsabilidad ciudadana serán claves para proteger nuestro invaluable patrimonio natural.
Un clima que no da tregua
Las condiciones climáticas actuales son particularmente desfavorables, a esto se suma la escasez de precipitaciones que ha generado un severo estrés hídrico en la vegetación, convirtiendo vastas áreas de la selva y campos en material altamente combustible. Así, Las altas temperaturas, que se mantienen de forma sostenida, no solo aceleran la deshidratación de las plantas, sino que también dificultan las tareas de control en caso de que se desate un foco ígneo.
Este fenómeno no es un hecho aislado, sino que se enmarca en un contexto global de cambio climático que intensifica la frecuencia y la virulencia de los eventos meteorológicos extremos. Para una región con la biodiversidad de Misiones, la resiliencia del ecosistema se ve puesta a prueba, afectando no solo a la flora y fauna, sino también a las actividades productivas y la calidad de vida de sus habitantes.
La prevención como herramienta fundamental
Ante este panorama, las autoridades provinciales han reforzado el llamado a la comunidad para que se extremen las medidas de prevención. La gran mayoría de los incendios forestales son causados por la acción humana, ya sea por negligencia o intencionalidad, por lo que la colaboración de todos es indispensable.
Se recuerda la prohibición total de realizar quemas de cualquier tipo, incluyendo la de residuos de jardín o la limpieza de terrenos. Asimismo, es crucial tener máxima precaución al transitar por zonas rurales o de monte: no arrojar colillas de cigarrillos, no abandonar botellas u otros objetos de vidrio que puedan actuar como lupa, y no encender fogatas en lugares no habilitados. Reportar cualquier columna de humo de manera inmediata a las autoridades competentes puede marcar la diferencia entre un pequeño susto y una catástrofe ambiental.
Proteger la Selva Paranaense es una responsabilidad compartida. En un febrero que se anticipa seco y caluroso, cada acción cuenta para evitar que las llamas arrasen con uno de los tesoros naturales más importantes del planeta.
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