A pesar de las lluvias esporádicas que trajeron un respiro momentáneo a la provincia, Misiones continúa en estado de alerta máxima por riesgo de incendios forestales. Lejos de solucionar el problema de fondo, las precipitaciones no fueron suficientes para revertir la delicada situación del suelo, que sufre un profundo déficit de agua. Así lo advirtió Luis Chemes, director del Plan Provincial de Manejo del Fuego, quien puso el foco en el factor más determinante: la acción humana.
Un espejismo de alivio: el estrés hídrico continúa
Las tormentas de los últimos días generaron una falsa sensación de seguridad en parte de la población. Sin embargo, los expertos aclaran que el peligro sigue latente. Según Chemes, las lluvias fueron «esporádicas y no lograron perforar el suelo», lo que significa que la humedad no penetró lo suficiente para hidratar la tierra y la vegetación seca. La provincia arrastra un fuerte estrés hídrico, una condición en la que la demanda de agua es mucho mayor que la cantidad disponible, dejando a nuestros ecosistemas extremadamente vulnerables al fuego.
Este fenómeno convierte a la vegetación seca en un combustible listo para arder ante la menor chispa. La capa superficial de humedad se evapora rápidamente con el sol y el viento, devolviendo el escenario al punto de partida y manteniendo el índice de peligrosidad en niveles críticos en gran parte del territorio misionero.

El factor humano: una estadística que interpela
El dato más contundente y preocupante aportado por el director del Plan de Manejo del Fuego es que el 99% de los focos ígneos se origina por acción humana. Esta estadística descarta casi por completo las causas naturales y nos sitúa en el centro de la problemática. Quemas de basura no controladas, colillas de cigarrillos arrojadas sin cuidado, fogatas mal apagadas o el uso indebido de herramientas que generan chispas son las principales causas detrás de los incendios que amenazan la Selva Paranaense.
En este contexto, la prevención y la responsabilidad individual se convierten en las herramientas más eficaces para proteger nuestro patrimonio natural. Más allá del trabajo incansable de los brigadistas y bomberos, evitar que el fuego comience es una tarea que involucra a toda la sociedad. La situación actual exige un compromiso colectivo para extremar las precauciones y denunciar cualquier conducta imprudente, recordando que un pequeño descuido puede tener consecuencias devastadoras para la biodiversidad, el suelo y la seguridad de todos.
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