En un movimiento estratégico para conciliar el desarrollo urbano con la conservación ambiental, el Gobierno de Misiones y el municipio de Puerto Iguazú han anunciado una inversión de 40 millones de pesos para ordenar el crecimiento de la zona conocida como las “2.000 hectáreas”. Este proyecto, financiado con fondos de la Ley de Bosques, busca sentar las bases de una expansión que respete el invaluable entorno de la Selva Paranaense.
Crecer en Armonía con el Entorno Natural
Puerto Iguazú, puerta de entrada a una de las maravillas naturales del mundo, enfrenta el desafío constante de expandirse sin comprometer su mayor activo: la biodiversidad. El crecimiento desordenado puede fragmentar hábitats, aislar poblaciones de animales y aumentar los conflictos entre la fauna y los residentes. Este plan aborda directamente ese riesgo, proponiendo un modelo de urbanismo sustentable.
La clave del proyecto es la creación de corredores biológicos, franjas de vegetación nativa que conectarán áreas de selva, permitiendo que los animales se desplacen de forma segura. Estos “pasillos verdes” son fundamentales para la supervivencia de especies emblemáticas y para mantener la salud del ecosistema en su conjunto, asegurando que el desarrollo de la ciudad no se convierta en una barrera insalvable para la vida silvestre.
De la Ley de Bosques a la Acción Local Concreta
La financiación de 40 millones de pesos proviene de la Ley Nacional de Bosques Nativos, un mecanismo que compensa a las provincias por los servicios ambientales que brindan sus masas boscosas. Esta inversión es un claro ejemplo de cómo las políticas de conservación a gran escala pueden traducirse en acciones locales con un impacto directo y positivo.
El objetivo es doble: por un lado, garantizar la seguridad y calidad de vida de los vecinos a través de una planificación ordenada que contemple servicios, espacios públicos y una infraestructura adecuada. Por otro, asegurar la protección de la fauna, reconociendo que la convivencia armónica es esencial para la identidad y el futuro de Iguazú. Este plan no solo organiza el espacio físico, sino que redefine la relación entre la ciudad y la selva que la rodea.
Con esta iniciativa, Iguazú se posiciona como un potencial laboratorio de desarrollo sostenible en una de las ecorregiones más amenazadas del planeta. El éxito de este proyecto podría convertirse en un modelo a seguir para otras ciudades misioneras y de la región que enfrentan el mismo dilema, demostrando que es posible construir un futuro próspero que no le dé la espalda a la naturaleza, sino que la integre como su principal aliada.





