lunes, abril 22, 2024
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Alemania regresa a la extracción del carbón por la crisis energética pese al impacto ambiental

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Berlín recurre al más contaminante de los combustibles fósiles ante la crisis energética mientras trata de expandir las renovables.

La situación provocada por la guerra de Ucrania tras años de dependencia del gas ruso llevó a Alemania a la paradoja de tener que frenar el cierre de centrales térmicas y prolongar unos meses más la vida de sus tres últimas centrales nucleares.

Los Verdes, que llegaron al poder con la promesa de impulsar la «descarbonización» del país, tienen ahora que justificar el incremento de emisiones a base de quemar carbón. Y aunque en su último congreso las bases del partido aprobaron la estrategia, lo que está ocurriendo en el pequeño pueblo de Lützerath se les está atragantando.

Bajo las casas de esta pequeña aldea de Renania del Norte-Westfalia se esconde una veta de carbón que el Gobierno ahora quiere explotar. La energética RWE ha acordado con el gobierno regional y el federal la ampliación de la mina de Garzweiler. La decisión conllevará la destrucción de las casas, que ya dejaron sus propietarios y están ahora okupadas por activistas, y algo más: la compañía se verá obligada a derribar ocho aerogeneradores de su propiedad. El primero de ellos ya se ha desmontado; el resto serán retirados durante el próximo año.

Los molinos fueron instalados en 2001 y aunque desde la empresa se minimiza el hecho alegando que el final de su vida útil estaba cerca, la noticia está levantando ampollas entre los ecologistas, que se oponen también a la destrucción del pueblo y a que se siga sacando carbón en esta zona minera. Critican la retirada de unos aerogeneradores que estaban plenamente operativos en plena crisis energética y recuerdan las dificultades que se están encontrando en algunas zonas del país para instalar nuevas plantas eólicas.

Desde la empresa y desde el Gobierno, han respondido con la promesa de adelantar el abandono del sector del carbón en este estado minero a 2030. Alegan que RWE va a impulsar las renovables en la próxima década al tiempo que se produce una «salida ordenada de la tecnología del carbón».

Sin embargo, el miedo a lo que pueda ocurrir este invierno y el siguiente ante el corte de gas ruso está provocando que las medidas que se adoptan ahora sigan justo la senda contraria: además de ampliar la mina, RWE mantendrá abiertas dos de sus centrales de lignito 15 meses más de lo previsto, hasta marzo de 2024.

La entrada de las excavadoras para ampliar la mina supondrá tener que desalojar a los ecologistas, encabezados por la asociación Alle Dörfer bleiben! (Todos los pueblos se quedan), que pretende preservar los pequeños pueblos de la zona. El colectivo dice que no se irán y llama a acudir a las protestas que organizan cada semana entre críticas a Los Verdes. «La decisión de sacrificar Lützerath supone la ruptura del partido con la ciencia y con el movimiento del clima», afirman.

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