El Parque Provincial Urugua-í continúa siendo escenario de operativos de control, patrullaje y monitoreo, dirigidos a frenar la presión creciente de la caza furtiva y otras prácticas ilegales que amenazan la biodiversidad de la región. Durante los días miércoles y jueves de la última semana, se llevó a cabo una nueva recorrida conjunta, centrada en el perímetro sur del área protegida, con el objetivo de identificar y desarticular trillos de ingreso clandestino y puestos ilegales utilizados por cazadores.
Los resultados del operativo permiten dimensionar la persistencia del problema: se localizaron seis trillos activos, de los cuales cuatro presentaban ingreso directo al parque y los restantes eran utilizados para la extracción de palmitos, una especie vegetal codiciada por su valor gastronómico y ornamental. A ello se suma el hallazgo de catorce sobrados o puestos de cazadores, una cifra que refuerza la preocupación por la frecuencia y el nivel de organización de estas incursiones furtivas.
Una zona de alto valor ecológico bajo amenaza
El Parque Provincial Urugua-í es una de las áreas naturales más importantes de la provincia de Misiones, tanto por su tamaño como por su riqueza biológica. Abarca más de 84.000 hectáreas de selva paranaense continua, funcionando como un corredor ecológico clave entre el Parque Nacional Iguazú y otras áreas protegidas del sistema provincial. Es hábitat de especies amenazadas como el yaguareté, el tapir, el oso hormiguero grande, el venado pardo y varias aves endémicas.
En este contexto, cualquier actividad humana ilegal —especialmente la caza, la tala y la recolección de especies nativas— representa una presión directa sobre poblaciones ya vulnerables. Por eso, las recorridas preventivas que realiza el cuerpo de guardaparques provinciales son fundamentales para mantener el equilibrio ecológico y prevenir daños irreversibles en el ecosistema.
Monitoreo estratégico: detección de ingresos y rutas de fuga
La recorrida realizada durante dos jornadas consecutivas se enfocó en recorrer zonas de difícil acceso, donde históricamente se han detectado movimientos furtivos. Caminar el perímetro sur del parque permite no solo vigilar los límites del área protegida, sino también identificar posibles rutas de ingreso y egreso utilizadas por cazadores ilegales.
En este caso, se logró detectar seis trillos activos:
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Cuatro de ellos conducen directamente al interior del parque, y son utilizados presumiblemente para el traslado de cazadores, perros, trampas y armas.
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Los otros dos muestran signos de tránsito reciente asociados a la extracción de palmitos, lo que sugiere una práctica recurrente de recolección ilegal.
La identificación de estos accesos no solo permite reforzar la vigilancia en zonas críticas, sino también planificar operativos en momentos clave, como las épocas de reproducción de ciertas especies o durante temporadas secas, cuando la movilidad dentro del monte es más fácil.
Sobrados: los puestos ocultos del cazador
Uno de los hallazgos más significativos del operativo fue la detección de catorce sobrados o refugios precarios utilizados por cazadores para permanecer durante varios días dentro del área protegida. Estos sobrados —construcciones rústicas hechas con ramas, lonas o restos de plásticos— suelen estar ocultos entre la vegetación y ubicados estratégicamente cerca de aguadas, senderos de fauna o puntos altos desde los cuales se tiene buena visibilidad del entorno.
La presencia de una cantidad tan elevada de sobrados en una sola sección del parque revela que se trata de una zona con fuerte presión furtiva, utilizada de manera sistemática. En muchos casos, estos puestos son reutilizados por distintos cazadores a lo largo del año, lo que evidencia la existencia de redes informales de conocimiento sobre rutas, escondites y recursos disponibles dentro del monte.

Palmito: una extracción silente pero devastadora
Además de la caza ilegal, uno de los flagelos silenciosos que afecta a las áreas protegidas del norte misionero es la extracción de palmito (Euterpe edulis). Esta palmera, cuya médula es apreciada por su sabor y textura, ha sido históricamente explotada en forma indiscriminada. El problema principal es que el aprovechamiento del palmito implica la muerte de la planta, ya que el «corazón» que se consume está en el ápice de crecimiento.
Los dos trillos identificados durante el operativo mostraban indicios claros de tránsito frecuente para la sustracción de palmitos, lo que representa una amenaza adicional al equilibrio del ecosistema. A diferencia de la caza, cuya evidencia puede ser más evidente (restos de animales, cartuchos, rastros de perros), la recolección de palmitos es más difícil de detectar y controlar, pero igualmente perjudicial a largo plazo.
Estrategia territorial: planificar con base en datos reales
El trabajo de campo llevado adelante por los guardaparques no solo tiene un valor inmediato en términos de disuasión y vigilancia, sino que permite recolectar información precisa y georreferenciada sobre los puntos de presión dentro del parque. Saber con exactitud dónde se ubican los trillos, qué rutas utilizan los cazadores, en qué lugares se ocultan y qué recursos extraen, permite planificar operativos futuros con una lógica territorial y estratégica.
En este sentido, el hallazgo de trillos y sobrados permitirá reorganizar los patrullajes para priorizar momentos del año y sectores críticos, optimizando el uso de recursos humanos y logísticos. Además, esta información puede integrarse a sistemas de georreferenciación o mapas de calor que identifiquen zonas de mayor riesgo ambiental, sirviendo como insumo para otras acciones de gestión.
La labor del cuerpo de guardaparques
Detrás de cada operativo como el realizado en Urugua-í hay un trabajo silencioso pero permanente del cuerpo de guardaparques provinciales, quienes desarrollan sus tareas en condiciones exigentes, muchas veces en soledad y enfrentando situaciones complejas. Su presencia en territorio, su conocimiento del monte y su experiencia en lectura de huellas, sonidos y rastros son fundamentales para el control y la conservación del área protegida.
Además del patrullaje, los guardaparques realizan acciones de educación ambiental, recepción de visitantes, control de accesos, asistencia a científicos y monitoreo de biodiversidad. Su labor se articula con otras instituciones como la Policía Ecológica, organismos judiciales y técnicos de conservación, pero su rol sigue siendo central como primer eslabón del sistema de protección de la selva misionera.
Control, prevención y concientización
Aunque las tareas de patrullaje son esenciales, el enfoque del Estado provincial en relación con las áreas naturales no se limita al control coercitivo. En paralelo a los operativos, se desarrollan estrategias de prevención y concientización dirigidas a las comunidades rurales vecinas, donde muchas veces subsisten prácticas culturales asociadas a la caza o la recolección.
Estas acciones incluyen charlas, talleres, campañas educativas y fortalecimiento de alternativas productivas, con el objetivo de ofrecer a las familias locales otras formas de vinculación con el monte, desde una lógica de cuidado y aprovechamiento sostenible.

Un territorio bajo presión creciente
La Selva Misionera es uno de los últimos remanentes de Bosque Atlántico Interior que quedan en el planeta. Su biodiversidad es única, pero también sufre presiones múltiples: expansión agrícola, apertura de caminos, desarrollo urbano, cambio climático y actividades ilegales como la caza y la tala. En este contexto, el Parque Provincial Urugua-í actúa como un bastión ecológico de contención, pero también como un espacio que necesita vigilancia constante.
La continuidad de las tareas de patrullaje, como la realizada en esta oportunidad, no solo permite frenar amenazas puntuales, sino también mantener viva una política pública de conservación activa. Cada trillo detectado, cada sobrado desarticulado, cada infracción documentada son parte de una batalla diaria que se libra en silencio para preservar uno de los patrimonios naturales más valiosos del país.
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