Rodrigo Aimetta, jefe de la Brigada Nacional NEA del Servicio Nacional de Manejo del Fuego, describió las condiciones extremas que enfrentan en el sur del país, donde la combinación de suelos orgánicos y pendientes pronunciadas dificulta el control de los incendios.
Con base en Apóstoles, el equipo de 26 efectivos lleva un mes trabajando de manera ininterrumpida en Chubut, operando desde Puerto Patriada hasta el Parque Nacional Los Alerces, y colaborando con brigadistas de casi todas las provincias argentinas debido a la magnitud de los incendios.
Desafíos del terreno y la biomasa patagónica
Según Aimetta, la geografía patagónica presenta dificultades desconocidas para quienes provienen del litoral. La particularidad de los bosques de la región radica en que el suelo no es mineral, sino una acumulación de materia orgánica, hojas y raíces que permiten que el fuego avance tanto en la superficie como de manera subterránea. “El trabajo de herramienta manual consiste en hacer líneas de defensa, retirando todo el combustible hasta llegar a la arena, para que el fuego no nos pase por debajo”, explicó el jefe de la brigada, subrayando la complejidad y el esfuerzo físico que demandan estas tareas.
Impacto del clima y temperaturas extremas
Las condiciones climáticas extremas agravaron la situación: en los últimos días se registraron temperaturas máximas históricas de hasta 36 o 37 grados, lejos del promedio de 30 grados que suele registrarse en verano en la región. “Para nosotros, en la zona del litoral, 36 o 37 grados no es alarmante, pero aquí es mucho. Hay un estrés hídrico enorme”, detalló Aimetta, remarcando que las olas de calor suman dificultad a la ya compleja tarea de contener incendios de gran magnitud.
Daño ambiental y económico irreparable
El fuego no solo destruyó amplias zonas de vegetación nativa, sino que también afectó gravemente la infraestructura y la economía local. Aimetta señaló que los incendios representan un daño ambiental que tardará siglos en revertirse y que impactaron directamente en la actividad turística y productiva de la región: “Todo esto vino del turismo y ahora está todo cerrado, así que la gente no está trabajando. Los productores que viven del monte también han perdido todo”.
Organización y logística del equipo misionero
Para enfrentar estos desafíos, la Brigada Nacional NEA organizó a los 26 brigadistas en dos cuadrillas de 13 personas, cubriendo turnos diurnos y nocturnos para mantener presencia constante en el frente de fuego. Los relevos se planificaron estratégicamente para garantizar la continuidad de la operación durante al menos quince días más, aprovechando la experiencia acumulada del personal y compensando la limitada disponibilidad de recursos en la región.
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