lunes, octubre 12, 2026
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WWF advierte que la pérdida de biodiversidad está ligada a los sistemas alimentario, energético y financiero

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La pérdida de biodiversidad está estrechamente relacionada con la forma en que se producen los alimentos, se genera energía y se distribuyen los recursos económicos. Así lo advierte el Informe Planeta Vivo 2026, elaborado por el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) y la Sociedad Zoológica de Londres, que señala la necesidad de transformar estos sectores para frenar el deterioro de los ecosistemas.

El documento sostiene que detener y revertir esta tendencia requiere cambios estructurales en los modelos de producción y financiamiento. En ese sentido, plantea que las decisiones económicas deben incorporar criterios de conservación para reducir la presión sobre los hábitats naturales y proteger la diversidad biológica.

Las poblaciones de fauna silvestre registran una fuerte caída

Uno de los datos destacados del informe corresponde al Índice Planeta Vivo, que monitorea las tendencias de las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios. Según este indicador, las poblaciones estudiadas disminuyeron, en promedio, un 73% entre 1970 y 2022.

Sin embargo, WWF aclara que esta cifra representa una tendencia global y no significa que todas las especies o regiones hayan experimentado la misma caída. En algunos territorios, determinadas poblaciones se mantienen estables o muestran señales de recuperación.

Aun así, el panorama general refleja la magnitud de las presiones que enfrentan los ecosistemas y la necesidad de intervenir sobre las actividades que impulsan su degradación.

El financiamiento también influye en la pérdida de naturaleza

El informe identifica al sistema financiero como uno de los sectores que deben transformarse para abordar las causas económicas del deterioro ambiental. Entre los factores señalados aparecen los subsidios perjudiciales para la naturaleza, los beneficios fiscales asociados a actividades de alto impacto y los créditos destinados a proyectos que favorecen la deforestación o la extracción de recursos sin controles ambientales suficientes.

De acuerdo con los datos presentados, durante 2023 se destinaron aproximadamente 7,3 billones de dólares a actividades con efectos negativos sobre la naturaleza. En contraste, las iniciativas de protección y restauración ambiental recibieron alrededor de 220.000 millones de dólares.

Esta diferencia evidencia, según el planteo de WWF, la necesidad de redirigir las inversiones hacia actividades compatibles con la conservación y de revisar los incentivos económicos que favorecen la degradación de los ecosistemas.

La producción de alimentos presiona sobre los ecosistemas

La agricultura constituye otro de los ejes centrales del análisis. El avance de la frontera agropecuaria, la transformación de ambientes naturales y el uso intensivo de recursos ejercen una presión significativa sobre la biodiversidad.

En Colombia, los especialistas de WWF advierten sobre la importancia de mejorar la gestión del agua y evaluar los efectos de la expansión agrícola en territorios sensibles. Entre ellos se encuentran los humedales, los páramos, las zonas de recarga hídrica y las sabanas inundables de la Orinoquia.

En estas áreas, el crecimiento de cultivos como el arroz, la soja y la palma aceitera genera preocupación por sus posibles consecuencias sobre la flora, la fauna y los recursos hídricos.

Además de la expansión de las superficies cultivadas, las prácticas agrícolas también pueden afectar el ambiente. El uso intensivo de pesticidas, fertilizantes químicos y otros insumos puede deteriorar la calidad del suelo, alterar los cursos de agua y perjudicar la biodiversidad de las zonas productivas y sus alrededores.

Frente a este escenario, WWF propone avanzar hacia sistemas de producción que reduzcan sus impactos sobre la naturaleza. Asimismo, plantea promover dietas más sostenibles y disminuir las pérdidas y el desperdicio de alimentos.

La transición energética necesita controles ambientales

El sistema energético es el tercer sector señalado en el informe. Según WWF, durante los últimos años se registraron avances importantes en la incorporación de tecnologías de bajas emisiones, entre ellos la reducción de los costos de la energía solar y el crecimiento de los vehículos eléctricos.

El documento indica que estos últimos representaron aproximadamente el 25% de las ventas mundiales de automóviles en 2024, un dato que refleja el avance de la transformación del sector.

No obstante, la transición también plantea nuevos desafíos. La demanda creciente de minerales utilizados en baterías, paneles solares y otras tecnologías puede generar presiones adicionales sobre los ecosistemas si su extracción no cuenta con controles adecuados.

En Colombia, WWF señala que la matriz eléctrica tiene una participación importante de la generación hidroeléctrica. Sin embargo, la transformación avanza con mayor lentitud en actividades como el transporte y la industria, donde los combustibles fósiles mantienen una presencia predominante.

Por este motivo, los especialistas plantean la necesidad de acelerar la transición energética sin trasladar los impactos ambientales hacia las zonas de extracción de minerales y otros materiales necesarios para desarrollar tecnologías limpias.

La conservación requiere más recursos

El informe también destaca la necesidad de fortalecer el financiamiento destinado a proteger la biodiversidad, especialmente en los países que albergan una gran riqueza natural.

Desde esta perspectiva, WWF sostiene que la conservación debe entenderse como una inversión vinculada al bienestar de la población y al desarrollo económico. Los ecosistemas proporcionan agua, alimentos y recursos para la medicina, contribuyen a la regulación del clima y sostienen actividades como el turismo de naturaleza. Además, son fundamentales para numerosas comunidades y sus formas de vida.

Para ampliar los recursos disponibles, la organización menciona herramientas como los pagos por servicios ecosistémicos, los bonos de biodiversidad, los bancos de hábitat, las compensaciones ambientales y las inversiones en restauración ecológica.

La propuesta contempla combinar fuentes nacionales de financiamiento con mecanismos internacionales que permitan sostener las acciones de protección a largo plazo.

Un cambio económico para frenar el deterioro ambiental

El Informe Planeta Vivo 2026 plantea que la pérdida de biodiversidad no puede abordarse únicamente mediante acciones de conservación aisladas. Por el contrario, requiere revisar las decisiones que orientan la producción de alimentos, la generación de energía y el destino de las inversiones.

En ese sentido, WWF sostiene que transformar estos sectores resulta fundamental para reducir la presión sobre los ecosistemas y avanzar hacia modelos de desarrollo compatibles con la conservación de la naturaleza.

El desafío, según el documento, consiste en orientar los recursos y las actividades económicas de manera que contribuyan a proteger la biodiversidad, sostener la producción de alimentos y garantizar la disponibilidad de agua, al tiempo que se reducen los impactos ambientales.

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